
Sin embargo te acercaste, me saludaste así nomás, te sonreí y tú a mí. Nos miramos, no supimos decirnos nada, y después de aquellos segundos desaparecí:
- Bueno, ese es mi carro, ya me tengo que ir.
- ¿A dónde vas?
- Al museo, espero verte pronto.
- Claro…
Igual, no he dejado de quererte un solo día. Quizás tú sí, pero yo no. Estoy contigo aunque estés lejos de mi vida, lo he aceptado por tu felicidad aunque sea a costa de la mía. Quiero que seas feliz, aunque no sea conmigo.