Y están invitados todos
Para este 28
Del norte y sur todos llegan
Aquí a mi desierto.
Que cantan caribe
Se encuentran en el ombligo
De todos los colores.
Que hoy alzan su voz
Porque nunca es tarde
Para decirle NO, a la desigualdad.
Los de los andes y llanos
Que bailan vallenatos
Que gozan con la cumbia.
Blancos, negros y gochos
Se encuentran con estos cholos
En una residencia media.
Para que nos genere gracia
Que los más altos
Bailen levantando sus piernas.
Y le presentaremos la marinera
Zapateando chola y gaucho
Nos emocionaremos.
¿Podría ser un festejo?
Algo más suavecito
Vamos con un pasillo.
¿Los que llevan tres colores?
¿El que viste de rojo y blanco?
¿O los azules del sur?
El que sirve más contento estará
Que con su carne, papas y cremas
Aquí será la fiesta.
Wednesday, June 29, 2022
Fiesta en el Perú
Sunday, January 2, 2022
Uno
Se levanta, se contenta porque no tiene dolor de cabeza, son las ocho, ha dormido poco, pero parece que fue reparador, se mira al espejo, lleva los boxers amarillos. Un nuevo año. Revisa las redes sociales, no hay mensajes, salvo de una estudiante, agradece el saludo a través de un audio.
Se mete a la
ducha y se concentra en sentir el agua en su piel, cierra los ojos y recuerda
el azul raro de los ojos de la venezolana. El agua fría y lo caliente de su
cuerpo le hacen sentir bien, pone sus brazos sobre las mayólicas y deja que le
caiga agua en la nuca, se siente bien, piensa en Azul, seguro se estará recién
levantando, ¿con quién habrá dormido?
Se seca y pone
otros boxers, se mete a la cama pensando en avanzar con su lectura sobre Franco,
esperará que sean las nueve para bajar a desayunar. Lee sobre el falangismo y
su intervención en la Segunda Guerra Mundial. La habitación está iluminada por
el brillo solar.
El tiempo pasa,
solo avanzó cinco hojas. Se pone un short y un polo, sale con sandalias. Lee el
WhatsApp, Luis le había escrito recién comprometiéndole con el desayuno, le
manda un audio: voy para el mercado, allí desayunamos.
Se arrepiente de
no haber bajado con lentes para el sol, el día está muy iluminado.
Wednesday, October 27, 2021
El Principito
Se
vuelve a la cama, coge el principito y lee. Se mira en el espejo, está panzón,
como no quiere. Pero se anima, mira que tiene más cabello que antes, quizás la
loción esa sirvió, Manuel le aconsejó que compre una loción para el cabello.
Lee
la parte en que el Principito se siente miserable por sufrir por una rosa, una
rosa que creía que era única en el universo, a la cual había dado su tiempo
para regarla todas las mañanas, y resulta que era una rosa común y corriente
como las otras que encontró en la Tierra, piensa que es así lo que le pasó con
Azul. Seguro ella pensará que es única, que es la más bella entre todas las
mujeres, que es especial, pero así como ella, muchas mujeres hay, en verdad lo
único de peculiar y extraordinadio que ella tiene es que precisamente él se
fijó en ella. Porque el valor lo da uno, o como diría el zorro, el hecho es que
alguien te domestica, y ya está, ahora tienes que llorar cuando ese alguien se
va.
Se
pone la ropa, decide por unos shorts y se abrica, es una locura, va con
zapatillas, shorts y chompa, seguro que la gente le mirará como diciendo, y
este loco. Pero espera eso, quisiera que la gente se dé cuenta de su
existencia. Desayuna en el mercado, conversa con su amiga del desayuno, ella le
hace el habla y él le responde amablemente con una ingenuidad. Estaba olvidando
el Principito en el mesa, su amiga le recuerda.
En
el parque se sienta y decide terminar la obra, es pequeña y es buena, en un
momento crucial, como cuando el Principito se despide del narrador, le salen
lágrimas, recuerda a su amigo que murió, recuerda a los amigos que perdió,
recuerda a Nella en su cama con los dolores de la enfermedad, se recuerda de sus
propios dolores caprichosos.
Unos
jóvenes sucios, parecen ser venezolanos, le saludan como queriéndole pedir
algo, pero no se atreven. Él les hace el habla:
(-)
Hola, ¿te podría regalar algo sin que pienses mal ni te enojes?
(-)
Lo que sea papi, bienvenido sea.
(-)
Esperame aquí.
Sebastián
va a la esquina y compra medias, tres pares por cinco. Se acerca al muchacho y
se los da. Él está andando con sandalias y unas medias que están muy sucias.
Sebastián quería colaborarle con algo a la señora que vende en la esquina, y al
ver al joven tuvo la oportunidad de ayudar a dos personas, cree que su compra
valió doblemente la pena.
(-)
Gracias pana, pero nosotros tenemos hambre.
(-)
Ok, ¿les invito tequeños?
(-)
Muchas gracias.
(-)
Tomen – Sebastián les da tres soles -, con esto podrán comprar, serían muy
gentiles de comprarle al señor de la esquina, él es mi amigo.
(-)
Gracias pana, que dios te lo bendiga.
(-)
De nada.
Sebastián
camina regreso a casa leyendo las últimas páginas del libro. Se siente bien, el
sol ha salido. Sonríe.
Sunday, September 26, 2021
Me enseñaste
Me enseñaste
Que no importan los sueños
Que el futuro es ilusión
Que rápido va pasando, la pretensión.
Que los años pesan más
Y te arrastras tanto
Cuanto más daño has hecho.
Sentado en esta silla
Sufriendo las escaras
Qué estúpida puede ser, la juventud.
Niña de pocos años
Cuánto daño te hice
Esa noche que te dije adiós.
Que a pulso forjé
Con mi ausencia
Con tu espera en balde.
me alcanza
Y soy uno más del coro
Que llora tu desgracia.
Thursday, September 23, 2021
Estrellita y Daniel
Estrellita mira
al apuesto joven que está limpiando la pared. Toma cuenta de sus cabellos
ondeados y le mira la nuca, su piel blanca, sus pestañas rizadas, Estrellita se
siente profundamente interesada por él. El joven voltea como si hubiese sentido
que alguien le llamara, ella agacha la mirada y simula leer su libro.
Tengo ya
dieciocho, Julio me dejó, me dijo que no se acostumbraría a los Estados Unidos,
pero resultó que él era americano de corazón, lo cierto es que es un alienado
más. Ahora estoy leyendo unos cuentos, cuentos escritos por mujeres, entre
ellos tengo uno de Isabel Allende, fenomenal.
El joven se
acerca a la mesa de Estrellita y pone sobre la mesa los cubiertos, ella sonríe,
él la mira así nomás. El joven tiene muchos problemas en la cabeza, está
pensando en comprarse unas zapatillas, unos jeans, quisiera tener dinero para
poder comprar las pastillas que necesita su madre, cuánto le gustaría tener
dinero para estudiar, aunque sea en un instituto. Estrellita se da cuenta que
ese joven es triste, como el conejo del cuento que lee.
He conocido a un
joven, su nombre es Daniel, me parece que es venezolano, se ve lindo. Me ha
dicho algo, él solo se encarga de limpiar, pero hoy me atendió a la mesa y me
dijo algo, voy a considerar esa palabra una de las más hermosas, no he sentido
su entonación, pero me ha dicho algo que me pareció angelical.
El mozo grita el
nombre de Daniel, y le pide que acomode unos costales. Estrellita se fija que
Daniel no tiene buenas ropas, piensa en que podría comprarle unos jeans, tiene
dinero ahorrado, le podría apoyar comprándole jeans y unas zapatillas, ese
joven debe estar pasando necesidad. El mozo le alcanza la ensalada, ella
despierta de sus elucubraciones.
Ese joven es muy
apuesto; seguro que debe tener novia. Pero igual, me gustaría ayudarle, me
gustaría ser su amiga. Pero que tonta soy, me perdería al conversarle, qué le
podría decir, seguro que tendrá cosas mucho más interesantes que comentar sobre
literatura. Leo literatura desde que mi tío Sebastián se le ocurrió que mejores
regalos – y más cómodos – son los libros, y ya me ha dado muchas obras, pronto
tendré mi propia biblioteca.
Estrellita
termina su ensalada, deja el dinero en la mesa y se despide:
(-) Muchas
gracias, aquí tiene – se lo dice de lejos al mozo.
(-) Gracias – el mozo
responde alto y con una mirada le pide a Daniel que recoja los platos y el
dinero.
(-) Gracias – Daniel
se dirige a Estrellita, quien sonríe y baja la mirada.
Thursday, August 5, 2021
Y VIAJASTE CONMIGO - 1
En un hotel cerca al centro, la primera propuesta que tuvo fue ciento
veinte soles por noche; eso haría muy costoso el viaje; siguió caminando y
encontró otro de sesenta, pensó que podría encontrar algo más cómodo, su primo
le dijo que podría conseguir uno de treinta, que los hay alejándote del centro,
sube las escaleras para llegar a la recepción de los hospedajes. En este
último, tuvo que subir hasta el tercer piso, simulando que no le afectó el
ascenso alza la voz pidiendo que alguien le atienda, pero no hay nadie, este
lugar está vacío, insiste:
(-) ¡Hay alguien aquí! – alza la voz.
(-) Sí señor, estoy a su orden – una joven venezolana baja del cuarto piso.
(-) Buenas tardes señorita, ¿cuánto están las habitaciones?
(-) Ahora solo me quedan dos, una simple y otra doble, pero usan baño
compartido.
(-) ¿Y a cuánto cuestan?
(-) El simple, treinta soles; y el doble cuarenta.
(-) Excelente, es lo que estoy buscando. Ahora vuelvo.
(-) A su orden señor.
Sebastián baja, les dice la oferta a sus acompañantes y ellos agradecen a
dios – aunque pensándolo bien, Keni seguro no agradeció a Dios. Suben las
escaleras, se cansan, los 2750 msnm exigen mucho a sus citadinos pulmones. La
señorita es muy amable, les da una almohada más a cada uno y le arregla el
televisor a Sebastián.
(-) Sebastián – la señorita le llama por su nombre al huésped -, aquí dejé
unos soles en la repisa, no los habrá cogido.
(-) Sí, disculpa, pensé que los habría dejado el anterior huésped y me los
guardé.
(-) No se preocupe, es que yo estaba durmiendo aquí – la señorita no se da
cuenta que confiesa que utilizó esa cama para dormir.
(-) Aquí lo tienes, qué pena.
(-) No se preocupe – Veruzca le sonríe -, ya se me acaba mi turno, la dueña
llega a las 10 pm, pero si usted sale puede pedirle la llave a la señorita de
la conopizza, ella le presta las llaves, aquí es bien seguro.
(-) No te preocupes, solo compraremos unas cositas y volveremos temprano.
Sebastián sale a comprar crema dental y shampoo, al volver no molesta a la
chica de la conopizza, llama a Daniel para que le abra la puerta. Los chicos ya
estaban listos para ir a cenar. Es un día especial así que él les invita en un
restaurante. Daniel se pidió conejo; Keni, lomo fino y; él, tallarines a la
parmesana.
Sebastián come recordando a Azul: a ella le gustaría mucho estos
tallarines, están buenazos. Coge su celular para agregar como contacto a Veruzca,
es una chica sencilla, simpatiza con su trabajo porque le recuerda a Azul. Mira
el estado de WhatsApp de Veruzca y ve que ella está sonriendo en un balcón
conversando con un joven de buen parecer. Se lo merece, las personas lindas se
merecen ser felices.
Daniel ofrece un vino, Sebastián y Keni aceptan y comparten, este vino es
trepador. Sebastián rechaza un segundo vino y les pide a los jóvenes ir a
descansar para no tener problemas ya que tienen que salir temprano. Son las
diez y media, toman una motocar que les lleva al hospedaje que para su disgusto
su cartelito dice HOSTAL.
Llegaron al edificio, nadie les abre, pasan los minutos, la hora y nadie
abre la puerta. Sebastián se molesta, llama a la policía y exige que alguien le
atienda, el policía que contesta le dice que no es su problema, que ellos no
tienen que ver con eso, pero él argumenta sobre el servicio policial y su
interlocutor policial no resiste más y le dice que enviará una patrulla.
Monday, July 26, 2021
Y viviremos para siempre
Y se arrodilló para dejarle la rosa que tenía consigo desde la mañana. Ella fue su madre, quizás no biológica, pero fue su madre de crianza. Por ella comía a regañadientes, ella le motivó los estudios. Por ella sigue intentando en tener ese gusto por los museos y las bibliotecas que aún es incipiente. La señora Rivas fue la mejor madre, no como la loca de cabellos largos que le dejó cuando era un niño; la señora Rivas tenía color, no como la mujer gris que le visitaba en sus pesadillas.
Sebastián le
sonríe a la lápida que lleva el nombre de Nella. Un niño chaposo se le acerca:
(-) Señor, señor,
¿se le murió su familia? – el niño pregunta ingenuo -, ¿por eso está triste?
(-) Sí, se murió
mi mamá. ¿Y a ti se te murió un pariente?
(-) Sí señor, se
me murió mi papá. Mi mamá dice que está en el cielo, que un día vamos a ir
nosotros a vivir con él para siempre cuando nos muramos.
(-) Ella debe ser
tu mamá, Carlitos. – una mujer chaposa le llama al niño por su nombre.
(-) Sí señor…, no
esté triste, ya cuando usted se muera va estar con su mamá para siempre.
A Sebastián se le
marca los pliegues de los ojos, la señora agarra de la mano a su hijo y saluda
a Sebastián con un buenas tardes para luego despedirse, Carlitos voltea la
cabeza para ver a Sebastián que se está yendo.
