Sunday, January 2, 2022

Uno

 

Se levanta, se contenta porque no tiene dolor de cabeza, son las ocho, ha dormido poco, pero parece que fue reparador, se mira al espejo, lleva los boxers amarillos. Un nuevo año. Revisa las redes sociales, no hay mensajes, salvo de una estudiante, agradece el saludo a través de un audio.

Se mete a la ducha y se concentra en sentir el agua en su piel, cierra los ojos y recuerda el azul raro de los ojos de la venezolana. El agua fría y lo caliente de su cuerpo le hacen sentir bien, pone sus brazos sobre las mayólicas y deja que le caiga agua en la nuca, se siente bien, piensa en Azul, seguro se estará recién levantando, ¿con quién habrá dormido?

Se seca y pone otros boxers, se mete a la cama pensando en avanzar con su lectura sobre Franco, esperará que sean las nueve para bajar a desayunar. Lee sobre el falangismo y su intervención en la Segunda Guerra Mundial. La habitación está iluminada por el brillo solar.

El tiempo pasa, solo avanzó cinco hojas. Se pone un short y un polo, sale con sandalias. Lee el WhatsApp, Luis le había escrito recién comprometiéndole con el desayuno, le manda un audio: voy para el mercado, allí desayunamos.

Se arrepiente de no haber bajado con lentes para el sol, el día está muy iluminado.

Wednesday, October 27, 2021

El Principito

Sebastián se levanta tarde, mira la hora en el reloj de pulsera que tiene en la mesita de noche, son las diez. Pisa el suelo para sentir el frío de las mayólicas, se alegra que su habitación esté limpia. Se quita el pijama y la pone en el cesto de la ropa sucia, ya era hora de cambiarla; se va a la ducha y hace caer el agua rápidamente, quiere sentir el frío, quizás eso le quite los dolores de cabeza. Cinco minutos es sufiente, piensa. Toma la toalla blanca, se le cae la toalla de cara, no se da cuenta.

Se vuelve a la cama, coge el principito y lee. Se mira en el espejo, está panzón, como no quiere. Pero se anima, mira que tiene más cabello que antes, quizás la loción esa sirvió, Manuel le aconsejó que compre una loción para el cabello.

Lee la parte en que el Principito se siente miserable por sufrir por una rosa, una rosa que creía que era única en el universo, a la cual había dado su tiempo para regarla todas las mañanas, y resulta que era una rosa común y corriente como las otras que encontró en la Tierra, piensa que es así lo que le pasó con Azul. Seguro ella pensará que es única, que es la más bella entre todas las mujeres, que es especial, pero así como ella, muchas mujeres hay, en verdad lo único de peculiar y extraordinadio que ella tiene es que precisamente él se fijó en ella. Porque el valor lo da uno, o como diría el zorro, el hecho es que alguien te domestica, y ya está, ahora tienes que llorar cuando ese alguien se va.

Se pone la ropa, decide por unos shorts y se abrica, es una locura, va con zapatillas, shorts y chompa, seguro que la gente le mirará como diciendo, y este loco. Pero espera eso, quisiera que la gente se dé cuenta de su existencia. Desayuna en el mercado, conversa con su amiga del desayuno, ella le hace el habla y él le responde amablemente con una ingenuidad. Estaba olvidando el Principito en el mesa, su amiga le recuerda.

En el parque se sienta y decide terminar la obra, es pequeña y es buena, en un momento crucial, como cuando el Principito se despide del narrador, le salen lágrimas, recuerda a su amigo que murió, recuerda a los amigos que perdió, recuerda a Nella en su cama con los dolores de la enfermedad, se recuerda de sus propios dolores caprichosos.

Unos jóvenes sucios, parecen ser venezolanos, le saludan como queriéndole pedir algo, pero no se atreven. Él les hace el habla:

(-) Hola, ¿te podría regalar algo sin que pienses mal ni te enojes?

(-) Lo que sea papi, bienvenido sea.

(-) Esperame aquí.

Sebastián va a la esquina y compra medias, tres pares por cinco. Se acerca al muchacho y se los da. Él está andando con sandalias y unas medias que están muy sucias. Sebastián quería colaborarle con algo a la señora que vende en la esquina, y al ver al joven tuvo la oportunidad de ayudar a dos personas, cree que su compra valió doblemente la pena.

(-) Gracias pana, pero nosotros tenemos hambre.

(-) Ok, ¿les invito tequeños?

(-) Muchas gracias.

(-) Tomen – Sebastián les da tres soles -, con esto podrán comprar, serían muy gentiles de comprarle al señor de la esquina, él es mi amigo.

(-) Gracias pana, que dios te lo bendiga.

(-) De nada.

Sebastián camina regreso a casa leyendo las últimas páginas del libro. Se siente bien, el sol ha salido. Sonríe.

Sunday, September 26, 2021

Me enseñaste

 

Me enseñaste
Que no importan los sueños
Que el futuro es ilusión
Que rápido va pasando, la pretensión.
 
Aprendí de ti
Que los años pesan más
Y te arrastras tanto
Cuanto más daño has hecho.
 
Comprendo ahora
Sentado en esta silla
Sufriendo las escaras
Qué estúpida puede ser, la juventud.
 
Qué mal hice al abandonarte
Niña de pocos años
Cuánto daño te hice
Esa noche que te dije adiós.
 
Tu historia triste
Que a pulso forjé
Con mi ausencia
Con tu espera en balde.
 
Ahora tu historia triste
me alcanza
Y soy uno más del coro
Que llora tu desgracia.





Thursday, September 23, 2021

Estrellita y Daniel

Sabes, los dolores están allí, tenías razón, no soy normal. Estoy comiendo verduras; mi objetivo: dejar de acumular grasas en la panza. Fui en la fuente de soda donde va mi tío Sebastián, seguro que le has visto, es el de los videos. Es un loco, tengo miedo que le pase algo malo, que por decir tantas cosas un día diga algo que no deba, que la gente puede malinterpretar o peor, que diga una verdad inaguantable para una sociedad tan sensible, seguro soy parte de esa sociedad sensible.

Estrellita mira al apuesto joven que está limpiando la pared. Toma cuenta de sus cabellos ondeados y le mira la nuca, su piel blanca, sus pestañas rizadas, Estrellita se siente profundamente interesada por él. El joven voltea como si hubiese sentido que alguien le llamara, ella agacha la mirada y simula leer su libro.

Tengo ya dieciocho, Julio me dejó, me dijo que no se acostumbraría a los Estados Unidos, pero resultó que él era americano de corazón, lo cierto es que es un alienado más. Ahora estoy leyendo unos cuentos, cuentos escritos por mujeres, entre ellos tengo uno de Isabel Allende, fenomenal.

El joven se acerca a la mesa de Estrellita y pone sobre la mesa los cubiertos, ella sonríe, él la mira así nomás. El joven tiene muchos problemas en la cabeza, está pensando en comprarse unas zapatillas, unos jeans, quisiera tener dinero para poder comprar las pastillas que necesita su madre, cuánto le gustaría tener dinero para estudiar, aunque sea en un instituto. Estrellita se da cuenta que ese joven es triste, como el conejo del cuento que lee.

He conocido a un joven, su nombre es Daniel, me parece que es venezolano, se ve lindo. Me ha dicho algo, él solo se encarga de limpiar, pero hoy me atendió a la mesa y me dijo algo, voy a considerar esa palabra una de las más hermosas, no he sentido su entonación, pero me ha dicho algo que me pareció angelical.

El mozo grita el nombre de Daniel, y le pide que acomode unos costales. Estrellita se fija que Daniel no tiene buenas ropas, piensa en que podría comprarle unos jeans, tiene dinero ahorrado, le podría apoyar comprándole jeans y unas zapatillas, ese joven debe estar pasando necesidad. El mozo le alcanza la ensalada, ella despierta de sus elucubraciones.

Ese joven es muy apuesto; seguro que debe tener novia. Pero igual, me gustaría ayudarle, me gustaría ser su amiga. Pero que tonta soy, me perdería al conversarle, qué le podría decir, seguro que tendrá cosas mucho más interesantes que comentar sobre literatura. Leo literatura desde que mi tío Sebastián se le ocurrió que mejores regalos – y más cómodos – son los libros, y ya me ha dado muchas obras, pronto tendré mi propia biblioteca.

Estrellita termina su ensalada, deja el dinero en la mesa y se despide:

(-) Muchas gracias, aquí tiene – se lo dice de lejos al mozo.

(-) Gracias – el mozo responde alto y con una mirada le pide a Daniel que recoja los platos y el dinero.

(-) Gracias – Daniel se dirige a Estrellita, quien sonríe y baja la mirada.

Thursday, August 5, 2021

Y VIAJASTE CONMIGO - 1

Sebastián camina por delante, es más pequeño – físicamente - y mayor – en edad - que sus acompañantes, pero se ha convertido en el líder del viaje. El objetivo ahora es conseguir un hospedaje cómodo, no importa que el lugar diga HOSTAL – esa palabra le suena fea, pero es para lo que le alcanza, quizás en su infantil adolescencia hubiera estado buscando estrellas, pero ahora busca precio -, camina más rápido para no escuchar ningún reclamo o idea contraria en seguir buscando.

En un hotel cerca al centro, la primera propuesta que tuvo fue ciento veinte soles por noche; eso haría muy costoso el viaje; siguió caminando y encontró otro de sesenta, pensó que podría encontrar algo más cómodo, su primo le dijo que podría conseguir uno de treinta, que los hay alejándote del centro, sube las escaleras para llegar a la recepción de los hospedajes. En este último, tuvo que subir hasta el tercer piso, simulando que no le afectó el ascenso alza la voz pidiendo que alguien le atienda, pero no hay nadie, este lugar está vacío, insiste:

(-) ¡Hay alguien aquí! – alza la voz.

(-) Sí señor, estoy a su orden – una joven venezolana baja del cuarto piso.

(-) Buenas tardes señorita, ¿cuánto están las habitaciones?

(-) Ahora solo me quedan dos, una simple y otra doble, pero usan baño compartido.

(-) ¿Y a cuánto cuestan?

(-) El simple, treinta soles; y el doble cuarenta.

(-) Excelente, es lo que estoy buscando. Ahora vuelvo.

(-) A su orden señor.

Sebastián baja, les dice la oferta a sus acompañantes y ellos agradecen a dios – aunque pensándolo bien, Keni seguro no agradeció a Dios. Suben las escaleras, se cansan, los 2750 msnm exigen mucho a sus citadinos pulmones. La señorita es muy amable, les da una almohada más a cada uno y le arregla el televisor a Sebastián.

(-) Sebastián – la señorita le llama por su nombre al huésped -, aquí dejé unos soles en la repisa, no los habrá cogido.

(-) Sí, disculpa, pensé que los habría dejado el anterior huésped y me los guardé.

(-) No se preocupe, es que yo estaba durmiendo aquí – la señorita no se da cuenta que confiesa que utilizó esa cama para dormir.

(-) Aquí lo tienes, qué pena.

(-) No se preocupe – Veruzca le sonríe -, ya se me acaba mi turno, la dueña llega a las 10 pm, pero si usted sale puede pedirle la llave a la señorita de la conopizza, ella le presta las llaves, aquí es bien seguro.

(-) No te preocupes, solo compraremos unas cositas y volveremos temprano.  

Sebastián sale a comprar crema dental y shampoo, al volver no molesta a la chica de la conopizza, llama a Daniel para que le abra la puerta. Los chicos ya estaban listos para ir a cenar. Es un día especial así que él les invita en un restaurante. Daniel se pidió conejo; Keni, lomo fino y; él, tallarines a la parmesana.

Sebastián come recordando a Azul: a ella le gustaría mucho estos tallarines, están buenazos. Coge su celular para agregar como contacto a Veruzca, es una chica sencilla, simpatiza con su trabajo porque le recuerda a Azul. Mira el estado de WhatsApp de Veruzca y ve que ella está sonriendo en un balcón conversando con un joven de buen parecer. Se lo merece, las personas lindas se merecen ser felices.

Daniel ofrece un vino, Sebastián y Keni aceptan y comparten, este vino es trepador. Sebastián rechaza un segundo vino y les pide a los jóvenes ir a descansar para no tener problemas ya que tienen que salir temprano. Son las diez y media, toman una motocar que les lleva al hospedaje que para su disgusto su cartelito dice HOSTAL.

Llegaron al edificio, nadie les abre, pasan los minutos, la hora y nadie abre la puerta. Sebastián se molesta, llama a la policía y exige que alguien le atienda, el policía que contesta le dice que no es su problema, que ellos no tienen que ver con eso, pero él argumenta sobre el servicio policial y su interlocutor policial no resiste más y le dice que enviará una patrulla.


Monday, July 26, 2021

Y viviremos para siempre

 

Y se arrodilló para dejarle la rosa que tenía consigo desde la mañana. Ella fue su madre, quizás no biológica, pero fue su madre de crianza. Por ella comía a regañadientes, ella le motivó los estudios. Por ella sigue intentando en tener ese gusto por los museos y las bibliotecas que aún es incipiente. La señora Rivas fue la mejor madre, no como la loca de cabellos largos que le dejó cuando era un niño; la señora Rivas tenía color, no como la mujer gris que le visitaba en sus pesadillas.

Sebastián le sonríe a la lápida que lleva el nombre de Nella. Un niño chaposo se le acerca:

(-) Señor, señor, ¿se le murió su familia? – el niño pregunta ingenuo -, ¿por eso está triste?

(-) Sí, se murió mi mamá. ¿Y a ti se te murió un pariente?

(-) Sí señor, se me murió mi papá. Mi mamá dice que está en el cielo, que un día vamos a ir nosotros a vivir con él para siempre cuando nos muramos.

(-) Ella debe ser tu mamá, Carlitos. – una mujer chaposa le llama al niño por su nombre.

(-) Sí señor…, no esté triste, ya cuando usted se muera va estar con su mamá para siempre.

A Sebastián se le marca los pliegues de los ojos, la señora agarra de la mano a su hijo y saluda a Sebastián con un buenas tardes para luego despedirse, Carlitos voltea la cabeza para ver a Sebastián que se está yendo.


Wednesday, July 14, 2021

La Vero

Sebastián se levantó temprano, baja para el mercado. Encuentra en el parque unos jóvenes venezolanos con su bebé, tienen sus ropas sucias y la mujer está fumando. Ella tiene los ojos desorbitados y él, el rostro preocupado; el niño camina en círculos. Seguro que ni desayunarán - reflexiona al ver la bolsita de caramelos que lleva el chico - habrán almorzado ayer, qué será lo último que se habrán llevado a la boca.

Entra al mercado, pide una taza de quinua y dos panes con pollo; piensa en llevar panes con pollo y quinua para la joven pareja, pero luego recuerda que a Azul no le gustaba el pan, que cuando le contó que sus estudiantes hicieron una broma sobre las arepas, ella le dijo que raro le parecían los peruanos porque comían siempre pan, que todo era pan, que el pan le era insípido, que no había nada mejor que las arepas. ¿Dónde conseguir arepas para esa joven pareja? – se le ocurre – Si Azul estuviera en casa, le diría que me haga arepas para esta joven familia, y seguro que ella encantada.

Sale del mercado y compra tres tequeños venezolanos, esos que ellos llaman tekepizzas, y le pide a una chica que está vendiendo café con sus termos le acompañe hasta donde están los jóvenes. Les entrega los tequeños y paga por el café para ellos. El joven se lo agradece, y la chica baja la mirada, agradece con una voz que se le apaga, Sebastián se da cuenta que la mujer tiene ojos de color extraño, sus ojos son bonitos como los de Azul.

************* 

Entra a la biblioteca, tiene llamadas perdidas. Prende la computadora mientras revisa un libro de literatura, busca el capítulo donde se trata las obras de las escritoras del siglo XIX. Suena el celular, es Sofía.

(-) ¿Qué pasó Sofía?

(-) Sebatián, te has olvidado de etiquetar a Verónica, pero yo ya la etiqueté.

(-) ¿De qué hablas?

(-) Del mensaje que hiciste para ella pues, ese donde hablas de las mujeres maltratadas, ¿acaso no lo estás escribiendo por su caso?

(-) No, estoy refiriéndome a las mujeres y varones maltratados en general.

(-) Pues yo pensé que lo hacías por Vero, pero igual, tu mensaje le cae como anillo al dedo, tú sabes que su marido le pega y ella no quiere denunciarlo, ella miente, trata de disimular que tiene una familia feliz, cuando lo que está viviendo es un infierno.

(-) No lo digo yo, pero si es así; ojalá reflexione y termine con ese tipo.

(-) No, no creo que lo haga, pero al menos no dirá que no le hemos advertido, yo creo que esa relación se va terminar con la Vero en un hospital. Pero ese maldito se las va a ver conmigo, ese día la Vero recién abrirá los ojos, claro si podrá abrir los ojos, porque esa bestia quizás y la mate. Pero nosotros no somos nada para meternos en vida de parejas. Ya una vez me dijo la Vero que ni me meta en sus asuntos conyugales.

(-) Bueno, ojalá que recapacite por ella, y si no es por ella, que sea por sus hijos.

(-) Pero es esa bestia que no la sabe apreciar. No se da cuenta que gracias a la Vero él es alguien en esta vida, porque la bestia esa ni apellido tenía. Pero pobre mi tía, sabes… - genera intriga – sabes… he soñado… he soñado cómo mi tía la despide en su lecho de muerte, porque como van las cosas mi tía va despedir a la Vero.

(-) No digas eso, no es que quiera que se muera mi tía, pero Vero es más joven que yo; cómo se nos va ir Vero antes que su mamá.

(-) Bueno, pero tú tuviste que etiquetarla, ahora la Vero se va molestar conmigo porque fui yo quien la etiquetó, pero no podía dejar pasar la oportunidad de tu mensaje para que recapacite la Vero.