Wednesday, September 9, 2020

La Flaca

Son las 8:20, Sebastián mira el techo de su habitación, está blanco, siempre está blanco, será porque la pintura es blanca, se hace el tonto. Se quita las medias y el pijama, siente el contraste del calor de su cuerpo con el frío de sus pies, piensa en los pies de Azul: ¿Cómo estarán?, ¿fríos?, ¿tibios?, ¿o caliente?, si estuvieran fríos yo los calentaría, jejeje. Se emociona.

Azul, aquí me tienes. Estoy full,
pero para cuando tú me necesites,
aquí me tienes. 

Suena la puerta de la calle y corre a la ventana para ver quién es, ve salir a Rodrigo, se le ve triste. Se apena por su amigo. Quisiera bajar para invitarle un jugo de naranja, pero prefiere no incomodarle. Siente el frío y vuelve a la cama para abrigarse. Suena su teléfono, es Andrea.

(-) Hola Andrea, dime qué pasó con tu amigo Richard Swing.

(-) No sé nada, seguro una cortina de humo para que la gente se olvide del coronavirus.

(-) Pero parece que quieren vacar al presidente.

(-) Es una tontería, los políticos haciendo sus cochinas y la gente aquí que no sabe qué hacer. Aunque yo ya estoy pensando que hemos vencido al virus, lo que es yo me siento una vencedora, quiero volver a las aulas en el mes de octubre.

(-) Yo no creo que hayamos vencido el virus, más bien hemos perdido muchas vidas – Sebastián se recuerda de los jóvenes que murieron.

(-) Sabes, hoy día tenemos reunión a las 2, nos van a presentar al nuevo subdirector.

(-) ¿Cómo?, si nosotros no tenemos subdirector.

(-) Sí pues, justo ahora al ministerio se le ocurre mandarnos un subdirector, cuando nos hacía falta no teníamos y ahora que no hace falta nos lo mandan. No sé qué hará, me supongo que se encargará de primaria y ya la directora se encargará de secundaria. Nosotros no hay que hacerle caso, hay que hacer como que lo ignoramos. Por último, que sea jefe del personal de limpieza.

(-) Será.

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 Sebastián se pone un short y sandalias, le da pereza tomar una ducha. Prende su computador y pone música tranquila. Baja al piso de sus padres, saluda a todos y se prepara un pan con queso, sale a la tienda del costado y compra una gaseosa, sube a su habitación. Nuevamente su celular suena, es Gustavo.

(-) ¿Qué fue cholo?

(-) Mal cholo, ayer terminé con mi flaca.

(-) ¿Y quieres hablar del tema?

(-) Tú eres mi amigo, a quién más le contaría.

(-) Bueno cholo, como yo siempre te he sentido reservado con ese tema – Sebastián se recuerda cómo Gustavo antes no quería tocar el tema de Alicia -, pero qué bueno que confíes en mí. ¿Cómo así terminaron?

(-) Ya te conté que estábamos pasando por un mal momento por lo de las conversaciones en Whatsapp que le encontré con su ex enamorado, conversaciones que me daban a suponer que ella sigue enamorada de él, sobre todo porque en su Facebook ella no ha publicado nuestras fotos y encima tiene fotos con su ex hasta chapando. Entonces le reclamé de eso y ella me dijo que no éramos nada, que yo me había inventado la relación. Puedes creerlo, o sea yo me inventé los regalos que le compré y también los que ella me compró, me inventé todas las noches que nos hemos visto en el parque, me inventé las veces que fuimos al hotel e hicimos el amor. No sé cholo, pero estoy jodido con esto.

(-) Cholo, una pregunta un poco ridícula, pero es para mi libro, ¿cuánto cuesta el hotel donde fueron? – Sebastián sabe que Gustavo no tiene mucho dinero.

(-) Veinticinco soles.

(-) ¿Con baño?

(-) Claro con baño.

(-) Pero cómo se puede conseguir un hotel decente con 25 soles, seguro no lavan las sábanas.

(-) Creo que sí, pero de la cintura para abajo – Gustavo se ríe. Cholo, estoy triste, qué bueno que me escuchas, sabes te voy a decir algo que creo que nunca he dicho, pero yo la amo, yo verdaderamente amo a la flaca, pero es la que más me está haciendo sufrir. ¿Tú cuándo me has visto presentando a una flaca a mis amigos?

(-) Nunca – Sebastián le escucha atento.

(-) Yo nunca he tenido nada serio con alguien, ella para mí es algo serio cholo, pero cada vez que le doy una oportunidad me sale defraudando. Nosotros nos separamos el año pasado, pero ahora quería volver con ella y comenzamos a salir, yo la buscaba después de su trabajo y ya con la pandemia estaba un poco alejado, pero siempre le llamaba.

(-) Pero si ya habían terminado – Sebastián recuerda el prejuicio de Rodrigo con respecto a los peruanos cuando se enamoran, se aferran mucho.

(-) Cholo, la amo, pero se terminó. Desde la semana pasada estábamos saliendo, antes la llamaba pero ella ponía de pretexto el virus. Luego me aceptó, pero con lo del virus ni un beso le podía dar. Tenía ganas de intimar con ella, pero el virus lo jodía todo. Pero en realidad no era el virus, era que ella no me quiere, que solo estaba conmigo para pasar tiempo porque ella sigue pensando en su ex.

(-) ¿Y cómo así salía contigo?

(-) Quedábamos en un parque cerca de su casa. Un día me emocionó porque ella vino a mi casa, yo estaba yendo al mercado para comprar mi desayuno y de pronto me abrazó por atrás y caminamos juntos, así como media cuadra y yo pensé me quiere, pero parece que ese día ella había tenido una discusión con ex… O sea ella me tenía como una relación paralela si es que no pasaba nada con su ex. ¿Cómo me enteré? Unos colegas del juzgado me dijeron que la habían visto salir con su ex y yo le llamé al pata, y él me dijo que sí, que había hecho el amor con ella. No le dije nada, recién ayer tuve la oportunidad de reclamarle.

(-) ¿Dónde estaban?

(-) En un hotel.

(-) ¿De 25 soles?

(-) Sí – Gustavo vuelve a reír -, pero no hicimos nada cholo, solo fue para conversar, ella me dijo vamos a un hotel y yo acepté. Le pregunté que qué estaba pasando con nosotros, le conté que sabía que estaba saliendo con su ex y que le llamé al pata y que me había confesado que estaba con ella. En ese momento se puso a llorar y me confirmó que se había acostado con él y que ella estaba sufriendo por ese tipo. Luego de llorar, no sé cómo decirte esto, pero creo que es la peor bajeza que me hizo, yo le pregunté que cómo íbamos hacer, que si íbamos a retomar nuestra relación – Gustavo se sabe muy imbécil – o cortar de raíz, y ella me dice abrázame y yo le digo para qué, y ella me responde que para despedirnos como amigos. O sea me estaba proponiendo intimar para despedirnos como amigos, puedes creer lo ruin que fue esa mujer conmigo, en ese momento que iba pensar en eso, me dio asco cholo.  Ella se salió del hotel pidiéndome perdón, me retumba sus estúpidas palabras: Perdóname por hacerte daño, espero que me puedas perdonar.

Tuesday, September 8, 2020

La intensidad de la vida


¿Qué intensidad es esa?
Pegada a una pantalla
Concentrado en bagatela
De lo superficial de ella.

Mujer o varón
Enfrascado sin rededor
Sin sustancia ni miga
Que solo mira.

El momento que vive
Son horas que pierde
Por no estar en la realidad
Y concentrarse en la estúpida virtualidad.

¿Y qué cultiva?
Amistad en potencia
De lo que puede ser
Pero nunca será.

La sustancia de la vida está
En los que verdaderamente viven
Que escuchan el grito fuerte
Del peso de la realidad.

La intensidad de la vida está
En los que te aman
En los que te rodean
Y están dispuestos para ti.

En tu madre que espera que le hables
En tu padre que no te abandonó
En tus hermanos
Y los amigos incondicionales.


Ninguna intensidad hay
En enajenarse en el azar
De la adolescente
Respuesta orientativa.

Ahora te digo a ti
Yo soy la verdad
El camino y la luz
De la intensidad de la vida.

Soy de carne y hueso
De color serio
De estatura promedio
Soy la vida que te falta.

No te alejes de mí
Sonríeme como hoy
Que soy el que hará que sientas
La intensidad de la vida.

Si tus tiempos no dan
Yo acomodo los míos
Si me rechazas diciendo siempre no
Yo siempre te daré otra oportunidad.

Que no te preocupe
Si tú y yo estamos solos
Siempre se comienza
Con dos seres humanos.

Pronto serán otros
Quienes nos acompañarán
Dejando la farsa
De la vida paralela.


Quiero que llores
Que no te reprimas
Por el orgullo perverso
Que te daña las entrañas.

Quiero que sientas como yo
Que rías de verdad
Para los que no te ven
Profundamente, para ti.

Sal de allí
Atrévete
Déjate acompañar
Por mí.

Azul, sería bacanudo ir a la montaña para que vuelvas
 a sentir la intensidad de la vida. Ojalá me digas sí.





Sunday, September 6, 2020

Mi madre


El pequeño Sebastián está solo frente al televisor, está viendo “Popeye el marino”. Tiene miedo porque en cualquier momento puede aparecer Norma y le quitará el televisor para ver su novela. Pero él no ha visto televisión en todo el día, es injusto que Norma siempre le deje sin ver su programa. Se anima, seguro que Norma no vendrá, quizás y salió con sus amigas.

Norma llegó, se va al cuarto de su madre y cambia el canal para ver su telenovela. No le importa que Sebastián esté viendo, le pide que se vaya.

(-) Pero yo estaba viendo la televisión.
(-) Yo necesito ver me telenovela, además está en los capítulos finales, en cambio tu dibujo siempre da lo mismo.
(-) Ya hablé con mi mamá – Sebastián cambia el canal.
(-) No me molestes, ve a jugar con tus amigos a la calle – Norma vuelve a cambiar a su canal de preferencia.
(-) Le voy a decir a mi mamá – Sebastián se molesta.
(-) Ya te dije que no me molestes, vete – Norma le grita al pequeño.
(-) A ti nadie te quiere, porque siempre eres mala, eres mala – Sebastián se frustra.
(-) ¿Y a ti quién te va querer?, si ni tu mamá te quiso, ¿acaso tú no sabes que Nella no es tu madre?

Sebastián alejó todo de sus pensamientos, se preguntó qué significaba eso. ¿Nella no es su madre?


Azul, gracias por lo bonito que te comportas conmigo. 

Wednesday, September 2, 2020

Despedida

Sebastián baja las escaleras con las cosas del inquilino que se despide. Es muy amable, le apena que alguien se tenga que ir, pero esto ya se ha hecho una cosa frecuente a causa que muchos han perdido su trabajo y tienen que volver a sus pueblos.

(-) ¿Y a dónde irá?
(-) A Cuzco, joven Sebastián.
(-) ¿Allá tiene casa?
(-) La casa de mis padres, creo que solo estaré un tiempo porque en verdad no tengo nada que hacer allá. Allá el trabajo solo es la chacra, además mis parientes todos están en Lima, algunos están yendo a Cuzco pero sé que se regresarán. Cuando se mejore las cosas, volveré.

El inquilino se despide muy sentido.

(-) Joven Sebastián, quiero decirle que lo poco que le conozco usted me ha caído bien. Siempre ha sido serio conmigo, pero ha sabido comprenderme. Le agradezco a usted y a su padre por su trato. Además, también me gusta mucho ver sus videos, así que lo voy a seguir viendo y le haré los comentarios.

(-) Gracias Nelson. Sabes, cada despedida me hace sentir triste. Desde que estoy encerrado aquí y no puedo ver a mis amigos, me ha venido una nostalgia. No sé por qué te lo estoy diciendo, pero en verdad, no me gusta las despedidas.

(-) Le entiendo joven Sebastián, a mí también me pasa eso ahora. No quería despedirme, no quería irme de Lima; es Lima la horrible, pero uno se acostumbra.
(-) Eso de Lima la horrible, ¿de dónde lo sacas?
(-) De sus videos pues, usted habla de Lima la horrible.

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Sebastián se cruza con Rodrigo. Se saludan y Rodrigo intenta tocarle el hombro, pero se reprime. Ambos discutieron por lo de los compartir venezolanos. A Sebastián le apena que Rodrigo se corte, pero parece que por ahora habrá una distancia entre ellos.

Rodrigo es un buen muchacho, a Sebastián le agrada en especial porque es casi su contemporáneo. Solo Henry es el amigo que tiene casi la misma edad – Henry es mayor que Sebastián por 2 años -, en cambio Keni y Gustavo son mucho menores que él. Además, Rodrigo es un chico serio, que se esfuerza mucho para apoyar a sus padres y eso a Sebastián le hace admirarlo.

Sube a la azotea y piensa en los tendederos, quiere solucionar ese desorden. Le timbran al celular, es un estudiante, responde.

(-) Buen día.
(-) Buenos días profesor. Soy el estudiante Brian Maldonado. Le llamaba profesor porque he visto que usted está vendiendo un libro.
(-) Así es, pero no lo estoy vendiendo a los estudiantes.
(-) Pero no es para mí – Brian recuerda que el año pasado el profesor le dijo a un compañero que quería comprarle el libro que no lo vendía a los estudiantes -, es para mi papá; él leyó su blog y quiere leer su libro.
(-) Bueno, si es así; tendría su padre que comunicarse conmigo y solicitármelo.

Sebastián se incomoda, no quiere vender un libro a los estudiantes y tampoco a los padres de familia; piensa que no es correcto.

Azul, cuando te propongo algo no tengo ninguna mala
intención, solo pasar un rato contigo. Ahora ya hasta
tengo miedo de invitarte algo.







Monday, August 31, 2020

La atención y el enamoramiento


Querido Sebastián,

Tú bien sabes que el enamoramiento es un problema de la atención. Sí, aunque en nuestra mente, la atención está ordenada, siempre hay una jerarquía, hay cosas que tienen el primer orden y otras que se le van acomodando como si fueran un coro o fondo, cuestiones secundarias.

En el mundo observamos muchos objetos, de diversos tamaños, más nuestra conciencia limitada solo les presta atención a algunos de eso objetos. No necesariamente los objetos más grandes son los que tendrán nuestra mayor atención, sucede que los objetos pequeños se pueden encontrar tan próximo a ti que de pronto lo vez sobredimensionado y hasta pueden hacerse vitales para tu atención.

Sebastián, eso es lo que ha pasado con Azul. Ha estado tan cerca de ti, que sobredimensionaste su tamaño, su belleza, su simpatía, su inteligencia. ¿Pero qué te ha demostrado? Acaso no te has dado cuenta de lo escaso de su ser, su simpleza y falta de sofisticación.

Te da miedo seguir pensando en eso, tienes miedo de darte cuenta de la fantasía que creaste entorno a este objeto, has querido que no sea así, y le has dado muchas oportunidades para que ella haga algo especial que contradiga lo que una observación seria diría: Ella no tiene nada de especial.

Con aprecio,
Elena.




Querida Elena,

La atención que le prodigo a Azul, no es por su cercanía, por el contrario, está lo suficientemente lejos como para darme cuenta de quién es. Sí, en mi jerarquía atencional Azul está en un nivel alto, pero no supera mis principios, mi familia, y tampoco el cuidado que me debo; sé que no valdría la pena atender a alguien si es que descuido tales cosas, no tendría ningún valor para presentarme ante ella si es que abandonara mis principios por tenerla.

Debo confesar que me da miedo darme cuenta que me engaño con respecto a ella, y por eso soy claro y directo. Sé sobre sus limitaciones, así como lo que hace bonito su persona. Azul no es citadina, es una mujer del campo y es muy libre. No suele concentrarse en pocas cosas, pienso que así pueden ser la mayoría de mujeres, y me da celos pensar que así será siempre.

Si se acercó a mí fue por sus circunstancias y eso no la hizo perder sus valores. Fueron sus valores los que me admiraron. El contexto puede decir muchas cosas, que su cercanía era interesada, que el tiempo de la necesidad pasó y ahora no está conmigo. Azul, me ha demostrado que no sucedió tal cosa, la tengo a mi lado.

Te quiere,
Tu amigo Sebastián.











Friday, August 28, 2020

Se ha muerto un VENEZOLANO


Estimados familiares y amigos,

Quiero contarles que conocí a mi buen amigo este año, aunque no se note mucho él es más joven que yo, son diez años los que nos separan, felizmente que no fue una generación, quizás entonces hubiese sido de otro modo. Pero su juventud no hizo diferencias con mi madurez, ambos pudimos decir que fuimos amigos.

Un amigo no es producto de una querencia superficial, a un amigo no lo vas a encontrar en cualquier lado, hay circunstancias que hacen que alguien sea tu amigo. Creo que a los amigos los pueden encontrar – cuando niños - cerca a tu hogar o en la escuela. Recuerdo a mis amigos de la infancia y puedo recordar algunos con especial simpatía y estoy seguro que creí que ellos eran mis mejores amigos, en verdad ellos fueron mis mejores amigos en mi infantil mundo.

La secundaria me fue dura, les confesaré que era el chico extraño que no tenía amigos, no era culpa de los otros, era mi forma de ser que aburría a los demás. Además, no era bueno en el fútbol, ni ningún deporte. Pretendí ser un intelectual, cosa que no logré, soy solo un simpatizante de las letras. Pero en la enseñanza media, aun así, con mi poca capacidad de hacer amigos, caminaron junto a mí, jóvenes a quienes puede llamar amigo. Alguien con quien conversé sobre mis problemas, que le conté quién era el que me molestaba, por quién estaba interesado, y qué es lo que quería hacer saliendo de las aulas.

En la universidad, confié en otros contemporáneos, fue fenomenal encontrar grandes amigos en ese contexto. Recuerdo de uno en especial, con quien me llegué a molestar y ya no nos vimos más, pero he sabido que cuando se ha referido a mí ha tenido simpáticas palabras. Los amigos de la universidad han sido los más geniales escuderos de mi vida, no digo que sea siempre así en todos los casos, pero en lo personal fue así.

Regresé nuevamente a la universidad, y encontré amigos más jóvenes, a quienes ahora los tengo como grandes amigos, los reconozco como hermanos. En especial, pueden ver aquel que está allá, ese joven está aquí por mí, es mi hermano, me viene acompañando años en esta vida que estamos obligados a vivirla.

Hoy tengo que despedir a mi buen amigo de este año 20, de este fatal año 20 que nos trajo algo tan vulgarmente pequeño, infinitamente más pequeño que un punto de arena de mar, pero que se está llevando la vida de nuestros hermanos.

Como les decía le conocí este año, encerrado en una habitación, cocinando para su día, con diez soles se servía desayuno, almuerzo y cena. Como se han dado cuenta, él es de otra patria, y quisiera que su cuerpo quede en mi querido Perú, pero no tengo derecho de disponer de sus restos, sobre todo cuando su deseo es volver a su amada Venezuela.

Su excelencia de ser humano se explica con su historia de lucha, que como muchos de sus amigos connacionales que están aquí lo están padeciendo. Él llegó hace tres años al Perú, me contó que para cruzar la frontera tuvo que padecer cual héroe homérico, recorrer la belleza de nuestra Latinoamérica con el corazón palpitando de la emoción de los paisajes que le iban despidiendo de su tierra.

No era un desprecio al Perú, pero él me dijo literalmente: “Perú no era mi objetivo, yo iba para Argentina”; no pudo llegar más al sur, en Colombia se quedó porque le habían engañado aquellos que le prometieron un sur más próspero. Allí tuvo que trabajar en las calles vendiendo sus pastelitos con carne, y con mucha preocupación porque no podía mandar dinero a su madre enferma que está en Lara, un estado de Venezuela. Se encontró con un barquisimetano que le contó que en el sur está la gloria, que está el Perú y que allá a la gente que concina le va bien.

Me dijo, “cuando vi por internet la gastronomía peruana me convencí que debía ir allá”, también dijo, “no quiero estar más en las calles”. Me sorprendió saber que vendía cigarrillos por las noches parado cerca de una discoteca; era joven, y tenía que ver a otros jóvenes ser felices, mientras que él estaba afuera con el calor tropical de Colombia vendiendo sus cigarrillos.

Algunos me han escuchado decir esto, él fue quien me contó: “cuando llegamos a Tumbes un peruano alzó la voz y dijo que estábamos en Perú, y alguien le preguntó cómo sabía eso y respondió que se daba cuenta que habían llegado porque había mucha basura”. Nuestro amigo se preocupó porque comenzó a ver el desierto del Pacífico y sus ciudades desorganizadas. Me dijo que cuando llegó a Lima, la vio como un gran monstruo que se iba a devorar todas sus esperanzas. La caótica ciudad, no era como las imágenes perfectas de los platos de la gastronomía peruana, se desilusionó en apariencia, pero como buen guerrero se dijo que iba a la guerra si era preciso a morir.

Venezuela es la cuna del gran Libertador Simón Bolívar, ese hombre a quién amamos y odiamos, el que consolidó la libertad de los criollos peruanos, el que nos fragmentó en dos Estados: Perú y Bolivia. Simón Bolívar era un gran guerrero que perdió a su amada y no quedándole el amor, le quedó sus circunstancias de explotación por los peninsulares, y prometió y cumplió con sus fuerzas la libertad de su tierra. Nuestro amigo, también perdió el amor, en su historia se registró una hermosa mujer que está allá cargando a su hijo. Él no los dejó por mal padre y deshonesto marido, los dejó porque sus circunstancias eran más fuertes que sus ilusiones. Este nuestro amigo, me recuerda entonces a nuestro gran libertador, guerrero sufriente del terrible peso de la realidad.

Llegó a mi casa en diciembre del año pasado. No sé si celebró las fiestas de fin de año, no supe cómo la pasó en navidad, la noche del año nuevo no escuché su risa. En enero y febrero tampoco supe de él, mi mujer me enteró que teníamos un inquilino en el cuarto piso, pero solo le conocí cuando se cerraron nuestras puertas por la cuarentena. Le vi, y sonreí, y él sonrió.

Su simpático rostro y sus ojos azules impedían no fijarse en él, pero más llamativo era su entonar, no era del veloz caraqueño, era una entonación como los de mi pueblo, de mis andes queridos, pero con una alegría tropical. Me dijo: “A su orden señor”. Y luego, y esto sonará fuerte, dijo cosas como, “me oyes Sebastián”, “coño de su madre”, “de pinga”, “estoy arrecho”. Entonces le molestaba por su dialecto tan sexualizado y él que no se quedaba atrás, me dijo, “no digas nada, que ustedes los peruanos cuando hablan todo es de pinga para abajo” y me maté risa”.

Fue mi acompañante para hacer las compras los fines de semana, y para probar su valor le ofrecí comprarle su mercado, que él pidiera, y su delicadeza humana se mostró, escatimando, solo pidió unas papitas, cebollas y tomates. Con eso hizo una sopa, una sopa que me volvió a los tiempos cuando mi madre me servía sus calditos en las noches de invierno. Me quedé admirado y él estaba preocupado, quiso disculparse porque le faltó no sé qué ingrediente, pero su caldito estaba rico, y él preocupado por el ingrediente se sentía que había fallado. Su humanidad era tan grande a pesar de su escasez.

Las conversaciones en la amistad son el ingrediente principal, y él escuchaba a pesar que hablaba más. Un día le estuve contando mis temores y sobre mis poemas, pero él también hablaba a la vez de los platos peruanos que ya sabía cocinar, entonces le molesté porque parecía que no me escuchaba, y me dijo que sí me había escuchado, que parecía que no escuchara pero que él estaba atento, y era así, me dijo todo lo que le había contado y también la interpretación de mis temores.

Una noche subí una sangría para compartir con los inquilinos, comenzamos a conversar de la vida en general, y él se quedó hasta más tarde y compartimos la música que nos gustaba, coincidimos con muchas canciones. Y me contó sus otras luchas. Él mantenía a su madre, eso no lo sabía su mujer del todo, pero él enviaba cincuenta dólares a su madre todos los meses, y me dijo con su mirada fija y tono adusto, que ese mes no iba a enviar nada, porque tampoco podía enviar nada a su mujer e hijo. ¿Duro verdad?, cómo no empatizar con un ser humano esforzado lejos de los suyos. Cómo no simpatizar con la causa de este guerrero que era nuestro amigo de Lara.

Los meses pasaron, y su compañía se hizo cotidiana. Cuando se salió del encierro, fue muy gestual al servirnos uno de los mejores sancochos que he probado, mi padre quedó encantado. Luego vinieron las parrillas venezolanas y conocer a los suyos. Guerreros sonrientes que contrastan con mi apariencia melancólica. Y Venezuela inundó mi casa.

Me contó que se iba en diciembre, que iría a ver a su madre y traerse a su mujer e hijo. Me dijo que hubiese preferido no tener un hijo, que lo amaba, pero que era su hijo por quién más sufría, que quizás un hombre puede dejar padres y hermanos, puede dejar una mujer, pero que jamás puede dejar un hijo, que era un pedazo de sus entrañas que no podría arrancárselo de su ser sin morir en el intento.

Él quería volver a su tierra para vivir en el campo como en su juventud, pero la fuerza de la realidad le devolvería al Perú, que por ahora era su única alternativa. Un pueblo entero tiene que decir eso de su contexto, los hombres que han nacido en una tierra rica y bella tienen que optar por la única alternativa para escapar de la miseria y el hambre. Estos hombres vienen aquí a luchar la guerra de la vida que tiene muchas batallas y algunos de ellos mueren en su lucha como se ha muerto mi amigo venezolano.

Él tenía treinta años, no era deportista, y sí, era gordito. Mi pequeña niña me dijo graciosamente, “se ha muerto porque era gordito”; y me hizo reír y llorar. Mi amigo era gordito y era por lo que más le molestaba. Se afanaba en su comida, los ricos potajes de su tierra que tuve la suerte, la gran suerte de probar.

Se ha muerto, sí se ha muerto, me deja otro amigo… Es una pena que a mí me toque verles partir.



Thursday, August 27, 2020

Mejor Amigo

Gracias, por haber dicho que eras mi mejor amigo. Quiero decirte que, aunque ahora no estemos juntos, aunque ya no coincidamos como antes, deseo que así me consideres, tu mejor amigo. 

Aunque tenga un tono adusto, y supuestamente entre tú y yo haya una gran distancia, eso se borrará con nuestras sonrisas, con el querer compartir una conversación, caminar juntos, tomarnos una cerveza, empujarnos en el camino, comer alguna golosina, cualquier broma hará que nuevamente seamos cómplices en la vida.

Quiero enterarte, que tu vida transcenderá, porque me has conocido; desde que te hiciste significativo, tu vida ha quedado en mis escritos y entonces ya no dejarás la existencia sin dejar huella. Te prometo que escribiré inspirado en tu esfuerzo, perseverancia en esta vida que se nos obliga vivirla.

Con poquito tiempo uno llega a conocer a grandes hombres, y he conocido uno en ti. Alguien que lucha por los suyos, que es capaz de sonreírle a las circunstancias adversas, que saca fuerzas todas las mañanas de donde “no hay”. Que tiene tanto por qué llorar, pero está allí siendo valiente.

Quiero pedirte perdón por las veces que te he “corregido”, algunas veces han sido boberías, pero así somos los hombres, a veces se nos escapa el orgullo, la pretensión, pero entre amigos eso pasa por alto. Voy a recordar que cuando te decía algo que no te gustaba callabas y hacías como que no escuchabas, me dabas risa; como un niño malcriado, te ponías serio y tratabas de cambiar el tema, y ganabas porque sencillamente no hablabas más, o sentenciabas: Loro viejo no aprende hablar.

Qué bacanudo es la vida con los amigos. Es una pena que es a mí que me toca verte partir.