Wednesday, May 2, 2018

Quisiera ser tan fuerte


Quisiera ser tan fuerte
Para abrazarte
Tan fuerte
Que tu alma lo sienta.

Quisiera ser un súper hombre
Para llevarte a volar
A ver todas las estrellas
Del Creador.

Quisiera no ser un hombre
De corazón débil
Que llora en el piso
Porque ahora no te tiene.










Sunday, April 22, 2018

El discurso que NO aprendí


El discurso que no aprendí
De los años que nos conocimos
De la primera pelea
Que fue nuestro primer encuentro.

De los argumentos que me alejaron de ti.
Porque no estuve allí
Siendo que pensaba yo
Que ya no eras mi amigo

Dinero que invertí
Del dinero que no ganaste
De nuestras pobrezas acompañándose
Sin reclamar por lo que se gastó.

Te juro
Di todo lo que tengo
Como tú también lo hiciste
Porque por amistad se desprende todo.

Debería contar
De mis ayes que consolaste
De las locuras que refrenaste
Girando, sonriendo y cantando.

Decir de dos generaciones en bicicleta
Llegando al mar de tus remedios
Ocultando tus dolores
Esforzándote para ser siempre el más fuerte.

Quería recordar esas tardes
Discutiendo por un punto
Hasta muy noche
Sin que los tuyos nos interrumpieran.

Quería preguntarles a ellos
Por qué no nos botaron de la casa
Quería recordarles tu fuerte carácter
Que se encontró con el mío.

Iba imputarte mi alejamiento
Por echarme la última vez
Quería graciosamente decir
Del miedo que te tuve.

No quería quedar en deuda
De un llanto que te debía
Quería desahogarme de tu ausencia
De despedirte ahora sí para siempre.

Discurso que no aprendí
Y no porque no quería
Quizás porque lo quería más que siempre
Y por eso no escribí.



Sunday, March 4, 2018

No quiero que nadie me hable de amor


La sombra mira a Sebastián, está delgado, puede ver sus costillas, como siempre le gustó a él verla ahora ella puede verle, un hombre que está disfrutando de su última juventud, delgado, enfermamente delgado. Le acaricia el cabello y huele el aliento fresco que le recuerda que Sebastián está vivo. Sebastián dice su nombre, Elena.


Quisiera que te sientas como yo me siento; quisiera ser como tú, sin sentimientos… Elena llora y le pide perdón. Él abre la puerta sin pronunciar palabra le dice claramente que se vaya para siempre de esa habitación y de su vida.

Ya me cansé.

Elena le sigue acariciando, pasa su mano y siente sus fuertes y velludas piernas.
Caminando. ¿Solo? Desde que te conocí. Podrías ir con un amigo. No, prefiero caminar solo… Ella le besa y él responde violentamente, chocan sus dientes. Sebastián pide perdón porque aún no sabe besar.

Elena fija la mirada en toda la habitación, está limpia, es una de las primeras tareas de Sebastián.


¿Y estos jarrones? – Elena quita el periódico que cubre dos grandes cristales. Son para los focos del cuarto. Eres como una mujer. ¿Por qué? Nunca he visto un chico que esté pendiente en ese tipo de cosas para su cuarto. Claro que los hay. Sí, pero son pocos. Yo no estoy en un grupo de pocos, yo estoy solo.

Elena posa su cabeza cogiendo las piernas de Sebastián y continúa su eterno dormir.

*********  
Fue una pesadilla, a veces pienso que no fue real, que no pasó. Él me hizo una infeliz, yo me preguntaba todos los días, le preguntaba a Dios todos los días, ¿el amor existe? Y – Elena llora -, y veía a otras parejas jóvenes felices y me decía que sí, que el amor sí existe, pero no me alcanzó, no me llegó.

Maritza la abraza para que Elena no caiga.

Ahora te maldigo aquí en tu tumba, si no lo hice en el entierro y aparenté fue por tus hijos, por mis hijos. Pero ahora te maldigo, maldito seas por todo lo que pasé a tu lado Henry. Me arrepiento mil veces de haberte esperado, de haber confiado una última vez más. No te supero, no lo voy hacer, porque yo fui buena contigo y tú… maldita la hora en que te sonreí, maldito el día en que tu juventud coincidió con la mía.



Saturday, February 24, 2018

¿Cuánto te espero?

Me preguntas
Que cuánto te espero
Y me haces llorar
Toda la vida te espero.

En una esquina te vi
Cuando niño
Por primera vez supe de ti
Te espero desde aquel día.

Que siendo un adolescente
En el recinto de tu dios
Decisiones tomé para verte
Te espero así de ingenuo.

En un abrir y cerrar
De tanto que te espero
Mi juventud pasó
Te espero insistente.

Y mi trabajo te ofrecí
Mi pobreza y fortuna
Mis sentimientos puestos en papel escribí
Te sigo esperando.

Y hoy que anciano soy
Y nada tengo para cuando llegues
Es como te dije

Toda la vida te espero.




Tuesday, February 20, 2018

Una Pequeña Ciudad

El doctor pregunta a la paciente por sus síntomas. Ella responde.

Me duele la cadera, tengo fiebre y siento que me voy a desmayar. Ya, ¿es hipertensa? Sí, también tengo diabetes. ¿Cómo lo sabe?, ¿está diagnosticada? Sí. Hace qué tiempo que no tiene su control. 2 años doctor. ¿Y le diagnosticaron diabetes? Sí – Grecy, no entiende porque el doctor insiste con la pregunta. Le voy a pedir que se haga estos análisis y pida una nueva cita de aquí a cinco días – el doctor no la mira, solo escribe en su computadora. Pero qué puedo tomar. Ahora le estoy recetando para su diabetes y la hipertensión, pero esto es por mientras, ya cuando tenga los resultados de estos análisis sabremos qué dosis deberá tomar permanentemente.

Grecy mira al doctor, él tiene el rostro preocupado, pero no es por ella, ya estaba así de ensimismado cuando ella entró. El doctor firma y le entrega la receta.

******
Sebastián camina solo por jirón de la Unión, busca donde tomar algún refresco que le parezca limpio, no importa el costo, importa mucho que se vea limpio… no hay.

Lima puede pasar como la ciudad más sucia de América, de seguro que lo es, y lo peor parece que nadie se da cuenta, cómo podría tomar un refresco de esos lugares, todo está lleno de grasa y polvo, la gente sudando, dónde es que orinan si no veo que tengan baños. Y esos restaurantes, es puro papel y plástico en las casonas que van perdiendo su atractivo de la época virreinal.

Sebastián mira a un presuntuoso hombre maduro que sale de un restaurante; ese hombre tiene cierta convicción de superioridad y suficiencia, lleva terno, quizás sea un gerente o algún oficinista de la plaza San Martín, a unos pasos atrás está un joven que le lleva la maleta. Sebastián se esfuerza por recordar la cara del rechoncho cuarentón, sí, es su profesor, o mejor dicho, es su ex profesor de Derecho Internacional, que lo más que le enseñó de “Internacional” fue los grandes viajes que se dio gracias a estar a cargo de una de las gerencias de la municipalidad de Lima.

Pero cuánto ha engordado, si no fuera por su aguileña nariz, y los ojos desorientados no le reconocería. Este señor que su talento se reduce a ser un sobón de la autoridad para mantener un trabajo se da la gran vida a costa de los impuestos de los ciudadanos, pero nada más justo, estos ciudadanos sucios mantienen a un cochino – cerdo. Sebastián, critica para sus adentros. 


Saturday, February 17, 2018

Elena y el Caballero Blanco

Ella tiene la mirada en un punto infinito, la enfermera la ayuda tomándola de un brazo. No le importa que le vean así, tiene una figura agradable. El doctor la mira, y ella sale del trance asperge y sonríe. Pero qué mujer para más bella, el doctor se enamora de Elena… Puede vestirse. La señorita le entrega papel higiénico para que se limpie.

***** 
Elena mira las fotografías del Caballero Blanco, ve un niño abrazando un tremendo siberiano, la sonrisa le parece familiar. Como cuando Henry era un chiquillo, el Caballero Blanco lleva la barba y el cabello crecidos para alardear una supuesta indiferencia o rebeldía… sonríe, es solo un niño.

Voltea, y todo es silencio, Sebastián duerme. Ella se acerca a la cama y escucha la respiración de su amigo, le huele el aliento fresco y acaricia su escasa cabellera, Sebastián pronuncia su nombre y ella sonríe como para enamorarle.

***** 
Cáncer. Ella puede oír, pero no escucha, solo piensa en el Caballero Blanco, se pregunta por qué tanto se parece a Henry, no tienen ningún parentesco, pero se ven tan parecidos. El doctor la mira y se apena por lo que le viene.

¿Cuántos años tiene usted? 70. Usted podrá salir de esto, no se preocupe. No estoy preocupada, ¿me veo bien? Sí - parece que la paciente está negando su situación -, ¿le preocupa mucho su belleza? No, claro que no, solo que me preocupa ahora porque tengo una cita. Usted, usted no puede tener 70 – el doctor da cuenta de la desproporción de los años en relación a la apariencia de la paciente. Mire allí – Elena le pide que se fije en el historial -, allí dice mi año de nacimiento. Pero, esto no es posible… Gracias doctor, no estoy preocupada.

Elena sale de la clínica, toma un taxi y llega al restaurante de siempre. Espera no ver a Camucha. Allí está Rafael. Él sonríe y le invita sentarse en su mesa acomodándole el asiento.

Te estuve esperando.  

Tuesday, January 16, 2018

Los colores de tu alma


Los colores de tu alma
Son tan hermosos
Tanto lo son
Que no dejo de evocarlos.

No olvido el rojo
De la comisura de tus labios
Por donde salen
Tus ingenuas palabras.

No olvido tu piel rosada
Que ante cualquier roce
Se marca más
Tu delicada humanidad.

Y los blancos de tus pies
Lindos pares
Que nada que calcen
Serán dignos para ellos.

Pero de todos los colores
El de la puerta de tu alma
El azul de tus ojos
Es por el que pierdo mi alma.