Monday, December 28, 2015

Feliz Navidad Elena

Cinthia le llama, se enteró por Henry que Sebastián esta en Chiclayo.

Sebastián, ven con nosotros a celebrar la navidad. Gracias Cinthia, pero prefiero quedarme aquí, estoy tranquilo. Carambas hombre, ven; estoy con mi esposito y mis hijos nada más, tomamos chocolate y ya te vuelves a tu hotel, estás cerca. Ya está bien.

Sebastián toma otra ducha, se cambia de ropa. 

Piensa en Alejandra, seguro estará preocupada por los preparativos de navidad. Debería quedarse en el cuarto a esperar su llamada, cuando esté con Cinthia no podrá contestar el teléfono con comodidad, se arrepiente haberle aceptado la invitación.

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Adelaida pasa la navidad con su tía y prima; ellas le invitaron porque saben del conflicto que tiene con Verónica.

Hijita compraremos pollo. Está bien, pero Emiliano dice que va traer pavo – Adelaida se comunicó con su primo. Para mí compren pollo por favor – a Estrella no le gusta el pavo. Mija cómo eres de mal agradecida, nos están regalando la cena y tú con tus gustitos. No se preocupe tiita, yo también comeré pollo. Ya vez mamá, además la Cecy no sabe cocinar, el mismo Emiliano no va comer pavo, seguro que va picar de nuestro pollo.

Adelaida manda un mensaje de navidad a su amor secreto.

Mi bebé, estoy en la casa de mi tía, estoy pasando una navidad diferente. Deseo que tú la pases lindo al lado de tu familia. Muchos besos.

Recibe el mensaje de su amor secreto.

Mil gracias beba, estoy al lado de mis padres y hermanos; quiero que tú también estés con los tuyos. Estoy pensando mucho en ti, feliz navidad mi amor. Más besos.

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Sebastián se siente incómodo, Cinthia es una nueva amiga para él, y su esposo es un poco serio. Los niños están entretenidos contaminando el mundo; quisiera darles una clase de actuar responsablemente en el ambiente (una de las competencias que enseña en su área).

Cinthia se pone a orar al niño Jesús, su esposo le acompaña en el ritual. Timbra el celular de Sebastián.

Sebastián – le llamó Sebastián, y eso no le gusta, prefiere que le llame viejito -, Sebastián feliz navidad. Feliz navidad Alejandra, cómo la estás pasando. Muy bien, al lado de mi familia, mi mamá, papá, mis tías, tíos, primos y primas, ahora ya mis primos se van a poner a reventar los cuetes; ¿y tú? Estoy en la casa de unos amigos, ellos se han puesto a orar. Pero y tu familia, qué pasó. Decidí pasarla solo, pero mi amiga insistió y ahora estoy aquí con ella. Pero tu mamá, no es bueno que estés sin tus padres; ay Sebastián, tú pareces el Grinch; tenemos que hablar seriamente sobre eso. Jajaja, mañana te llegará tu regalo, tienes que estar atenta. Gracias, pero yo no te he pedido nada. Quería darte algo, te has portado muy linda este año conmigo. Tú has sido un buen amigo.

Sebastián quisiera prolongar la conversación, pero Cinthia terminó su oración y todos se han puesto a la mesa; por otra parte piensa que puede estar interrumpiendo a Alejandra, que debe estar con su familia para ponerse a la mesa. Alejandra se le adelanta.

Sebastián, ya vamos a cenar; ya te estoy llamando cualquier cosa, feliz navidad nuevamente. No te preocupes, nos estaremos viendo cuando regreses, feliz navidad Alejandra.

Sebastián se sienta a la mesa, le han servido pollo a la brasa.

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Adelaida abraza a su tía y llora.

Ay hijita, si tu padre estuviera con vida no estarías pasando esto. Si mi papá estuviera tiita, todo sería diferente; no importaría que mi mamá nos abandone, yo estaría con mi padre en su casa, le serviría.
Estrella abraza a las dos mujeres.

Ya no se pongan así, mi tiito se va poner triste de que estés así; mira que cuando fuiste al cementerio le prometiste ser feliz como él siempre te lo pedía. Sí primita, tienes razón, pero me recuerdo de lo que antes éramos y mira como estamos ahora.

Estrella pone música: Júrame de Sociedad Privada; baila, baila muy sexy. Adelaida y su tía lo festejan.

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“Júrame que tu amor será para siempre, júrame que estarás siempre a mi lado…”. Sebastián escucha la música que viene de afuera. Él no tiene radio y tampoco en su celular grabó nada. Le gustó la canción, es la primera vez que la escucha.

“Qué bonito es amarte, qué bonito es besarte…”. Seguro que a Alejandra no le gusta esa música; cuando la vea le voy a poner esa canción porque en las calles se escucha este tipo de música, de esa manera se recordará más de mí, como debe recordarme cada vez que escucha a “Clavito y su chela”.

Saca el regalo para Alejandra, lo coloca en la mesita de noche, se echa en la cama y piensa mirando su cuaderno de notas donde escribió la dirección de Alejandra.

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Adelaida se acuesta, sueña con su mamita. Ella le cuenta historias para que se duerma.

Mamita cuéntame una historia, pero que sea de terror. No hijita, te vas asustar. Yo no me asusto. Está bien – la abuela acepta.

Era una joven muy guapa que se enamoró del jardinero de su casa, pero sus padres se enojaron mucho porque el jardinero era un borracho – Adelaida imagina al jardinero con el rostro de su padre -; sus padres le pedían que no saliera con él y que no lo vea, pero ella desobedeció y siempre que salía con el jardinero ella gastaba su dinero. Un día sus padres dejaron de darle dinero y el jardinero la golpeó y pidió que le traiga dinero para su cerveza sino la dejaría; ella que estaba tan enamorada buscó dinero, hasta le robó a sus padres; y así el borracho le exigía cada vez más, y llegó el día que no le pudo dar, ese día el jardinero la golpeó tanto que la mató, en su desesperación por conseguir plata, se dio cuenta que la mujer tenía un anillo de oro, pero no lo podía sacar así que le cortó el dedo para llevárselo. Pasó el tiempo y el jardinero ya era un hombre de edad con familia, que trabajaba en un cementerio, un día después de terminar su trabajo se encontró con una hermosa mujer, ella le pidió que le acompañara porque le daba miedo el cementerio, el jardinero la acompañó y en el trayecto se dio cuenta que la mujer – que estaba vestida de blanco – no tenía un dedo, cuando le preguntó que le había pasado, la mujer le miró fijamente y le dijo, ese dedo me lo quitaste tú. El jardinero murió botando espuma.

Adelaida se asustó, abrazó a la abuela y le hizo prometer que no se iría sino hasta que se durmiera.

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Sebastián se levantó a las seis, pero se quedó pensando en Alejandra hasta las ocho; toma una ducha, se cambia, coge su mochila, coloca el regalo y sale. Camina por la Balta en busca de un restaurante que le ofrezca desayuno, todos tienen en sus carteles desayuno, pero ofrecen segundos, además que no le gusta ninguno porque todos ofrecen ceviche, le parece una mala alternativa el restaurante que ofrece todo tipo de comida e incluso el ceviche.

Ingresa a un restaurante y pide anís y galletas, tiene dolor de estómago. Sale del restaurante y para un taxi, el taxista le cobra ocho soles. Llega a la casa, llama a Alejandra.

Alejandra sal de tu casa, el joven que lleva tu regalo está afuera. Ya Sebastián.

Alejandra sale y ve a Sebastián, lo mira como si nada extraordinario hubiese pasado.

Sebastián, tú aquí; pasa. Hola Alejandra, quería darte una sorpresa. Pasa, mis padres están arriba, estoy limpiando el desorden de ayer, siéntate, quieres algo para tomar. No gracias, ¿te incomodo? No, solo que no lo esperaba. Ya, vine a traerte este regalo – Sebastián está por sacar el regalo de su mochila. Espera, mejor me lo das afuera. Ya.

Salen, él le entrega el regalo, ella rompe el papel, dice algo que le hace entender a Sebastián que lo que compró no tiene mucho valor y además le demanda de hacer algo que le aburre – es un juguete para niñas.
Sebastián, voy a salir con mi familia. Entiendo – Sebastián se siente tonto. Ya, te llamo en la tarde a ver si salimos. Ya, esperaré tu llamada. Chao – le da un beso sin mayor gesto y se mete a su casa.

Sebastián camina pensando que fue una mala idea de viajar para eso. Llama a Elena, pero no contesta. Le escribe un mensaje de texto.

Deberías estar conmigo ahora, contesta por favor.

Elena le timbra.

Lo siento Sebastián, pero no quiero conversar contigo. ¿Por qué? Te debo demasiado y si no te lo pago no voy a volver a verte. No me debes a mí, y esa cuenta lo vamos a pagar juntos. No Sebastián, ya te debo demasiado. Si me hubieses dejado de hablar por las cuentas nunca hubiésemos pasado los diecinueve años que hemos pasado, no tiene que ser así; el dinero se consigue.

Elena se despide. Sebastián vuelve a timbrar.

Disculpa Elena, quería contarte que logré el nombramiento. ¿Y qué significa eso? Que ahora tendré un mejor trabajo, que trabajaré para el Estado y voy a tener un trabajo seguro. Felicitaciones Sebastián, me alegro por ti, tú te lo mereces. Elena – Sebastián hace una pausa -, también quería contarte de alguien. Lo sé, leo los post. No sabes cuánto sufro. 





Sunday, December 27, 2015

Amor romántico no es



Amor romántico no es,
Porque si fuera romántico,
Duraría la vitalidad de una juventud pasada,
Más arraiga mis años maduros.

Amor romántico no es,
Porque si fuera romántico,
Su fuerza me impelería a cometer locuras,
Más para ti he creado una realidad.

Amor romántico no es,
Porque si fuera romántico,
Desesperaría por tu desamor,
Pero estoy aquí equilibrado para apoyarte.

Amor romántico no es,
Porque si fuera romántico,
Nada crearía,
Pero contigo he creado mejores cosas.

Amor romántico no es,
Porque si fuera romántico,
A la primera que fallas,
Te abandonaría.

Amor romántico no es,
Porque si fuera romántico,
Sería tarde el último minuto,
Y no te perdonaría tres veces.



Saturday, December 26, 2015

Chiclayo

Llegó a Chiclayo, camina la calle donde jugaba con sus primas; todas ellas tan lindas en época infantil y hoy cada una, potencial enemiga. Todo está tranquilo, tiene sed, ingresa a la tienda de la Tía Julia.

Tiita, me da un bodoque. ¡Hijita!, ¡mamita!, tú aquí, ¿cómo has estado hijita? Bien gracias, estoy que me muero de sed tiita, ¿me puede dar un bodoque? ¿De qué sabor hijita? De fresa – es su fruto favorito.

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Sebastián tuvo un viaje de quince horas, el bus fue detenido en dos oportunidades por no contar con los papeles en regla. Soportó el vómito del niño que se sentó delante de él y los hedores de los pañales de los más pequeños pasajeros. Por otra parte la conversación con el anciano chotano que le insistía en llevarlo a su pueblo cuando Sebastián le contó sobre su travesía.

Mijo, mejor vamos para Chota, allí mejores mujeres vas a encontrar. Pero nadie como Alejandra, ella es única en el planeta. Estás ilusionado pes, ves esa tetona – señala con la cabeza a una mujer de abultada delantera -, mejores que esas vas a encontrar en mi pueblo. Iría, pero le seré incómodo quizás a su familia – Sebastián se hace el gracioso con don Prudencio. Nada, mijo; allí les voy a decir que eres mi sobrino y todos te van a tratar muy bien; yo voy a vender unas chacras y me regreso; pero tú si quieres puedes quedarte para la navidad y allí vas a estar contento, te presento unas sobrinas.

Suena el celular de don Prudencio. Sebastián le escucha.

¡Jacinto!, papá, ¿cómo has estado?; no, no, no, todavía así noma; está delgadito noma; esos doctores dicen que están haciendo análisis; dicen que tiene un tumorcito en la cabeza y que lo van a pasar a Lima, porque allí no operan; ya le llamas a mi Choco, él sabe, ese sabe más que yo.

Don Prudencio está triste, aun así – para Sebastián – le parece gracioso.

Problemas con la familia don Prudencio. Sí, mijo, tengo mi hijo que tiene cáncer. Asu, usted debe estar preocupado. Sí pues, por eso te digo, hay cosas más duras en la vida que estar allí encaprichado con una mujer ¿di?. Tiene razón don Prudencio, soy consciente de eso; yo estoy haciendo esta locura, pero sé también cuáles son mis límites. Mi Chiquillo tiene veinticinco, estaba enamorado también; pero después de su enfermedad ya no le importa nada; ni quiere vivir, por eso esta navidad no la estamos pasando en familia; yo estoy sacando de aquí de allá dinero para llevarlo a Lima; allá en Lima lo pueden curar, ¿di? Sí, en Lima le podrán ayudar, seguro lo llevarás a Neoplásica, ¿di? – Sebastián imita la forma en cómo habla don Prudencio. Sí, así me han dicho los doctores.

Ya es muy tarde, don Prudencio se dispone a dormir, Sebastián no puede dormir por lo incómodo del asiento, piensa.

Este pobre hombre está que vende sus tierras para salvarle la vida a su hijo y yo me estoy gastando el dinero por ver en estas fiestas a Alejandra, y quizás en balde, quizás ni siquiera le interese que esté cerca de ella.

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¿A qué has venido? Esta es mi casa, ¿no puedo volver a mi casa? No es tu casa, lárgate – Verónica está alterada de ver a Adelaida. No lo voy hacer mamá – acentúa la última palabra. Lárgate, te he dicho que te largues. No voy a permitir que vendas la casa, he venido para eso.

Entra Alicia.

Sabes que mi tía está enferma y necesita el dinero – Alicia grita. Pues que venda su casa – Adelaida responde. Adelaida, vete que no quiero verte; vamos a vender la casa, te voy a dar lo que te corresponde y todo solucionado. Yo no quiero que vendas la casa, tú tienes tu casa, venda la tuya. Entonces, compra la parte que le corresponde a mi tía – propone Alicia. Lo voy hacer, pero no puedo pagarle todo. Yo necesito el dinero – Verónica cruza los brazos y mira hacia la ventana pensando en que se aparecerá su otra queridísima sobrina. Te puedo dar un monto y luego pagar en partes mamá. Yo necesito todo, voy a iniciar mi tratamiento. No lo necesitas mamá, lo que quieres es gastarte el dinero con ese vividor con quien engañaste a mi papá; crees que no sé que sigues andando con el tal Mauricio. Creo que hace mucho tiempo que no te importa lo que le pasa a mi tía, si ella está con un vividor ya no es tu problema – Alicia es una desacertada defensora de Verónica. No es un vividor, trabaja, él es albañil – corrige Verónica. Mira cómo está la casa de descuidada, es la casa donde vives y tu pareja es un albañil y no ha hecho nada. Mira mamita, Mauricio ha trabajado mi casa, no va a trabajar esta casa que la voy a vender. A cuánto piensas que la vas a vender. Treinta mil dólares. Está bien, pero no puedo darte los quince mil. Entonces lo vendemos; yo no quiero esperar a que me pagues en puchos. Te firmo letras. No Adelaida, yo no te quiero ver, tú ya no eres mi hija; esta también es tu casa, pero la otra parte es mía, te puedes quedar si gustas, pero te doy un plazo de un mes para que compres mi parte, sino voy hablar con un abogado para venderla sí o sí.

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Adelaida no contesta las llamadas de Sebastián, igual ellos quedaron que él se hospedaría aparte. Camina hacia la plaza de Chiclayo y pregunta a un policía dónde está el mercado principal; el policía le orienta al Mercado Modelo. Piensa que será mejor alquilar una habitación cerca al mercado.

El hostal le cobra cincuenta por día, paga por tres. En el mercado toma una cremolada de maracuyá. Toma un taxi y pregunta por una dirección de La Victoria. El taxista le cobra diez soles, Sebastián se da cuenta que el taxista lo ha reconocido como un capitalino ingenuo, igual no le importa tiene dinero suficiente para pasarlo cómodo por los tres días.

Usted es de Lima verdad. Sí. ¿Ha venido a pasar la navidad con su familia? No, he venido solo, porque quiero entregar un regalo a alguien especial. Su novia seguro – el taxista canta. No, es solo una amiga. Pero quiere que sea su novia – el canto norteño. Sí – Sebastián siente un frío contradictorio al clima caluroso de la amistosa ciudad. Aquí es. Por favor, pare en esa esquina, es el setecientos.

Sebastián mira la casa, piensa en que Alejandra debe estar con las mujeres de la casa preparando la cena de noche buena.

¿Joven se va a bajar? No, solo quería ver la casa, me devuelve a la plaza por favor. Está bien. Pero pare en un lugar donde vendan cremoladas para invitarle una. Ya joven.

Sebastián timbra a Elena, nadie le contesta.

Joven, allí venden cremolada; tía dos cremoladas – el taxista pasa la voz a la vendedora -, de qué sabor lo quiere joven – el taxista pregunta a Sebastián. De maracuyá. Tía, una de maracuyá y otra de mango – la señora se acerca con las cremoladas y el taxista le indica que paga el joven que está sentado atrás. Aquí tiene señito, gracias – Sebastián le paga. Gracias, feliz navidad. Feliz navidad. 

Sebastián está con mucha sed, quisiera pedir otra cremolada más, pero el carro ya partió.

Gracias joven, usted es muy bueno. A usted que me está cobrando diez soles. Diez soles por viaje joven, no se vaya confundir, son veinte en total. ¡Qué!, ¡pero no es diez soles todo! – Sebastián bromea. No joven, barato le estoy cobrando. ¿Barato?, creo que se está aprovechando – Sebastián entona como Cantinflas. No joven, ni para mi navidad le estoy sacando; así se cobra ahora que veinticuatro. Jajajaja será.

Sebastián baja en la esquina de la catedral, se sienta en las escaleras, piensa en lo contenta que se pondrá Alejandra. 


Friday, December 25, 2015

El viaje

Adelaida está en el colectivo rumbo al terminal Fiori, ya son las seis y media, se atrasó porque tenía que hacer unos documentos de última hora. Evitamiento está congestionada.

Está obligada a volver a su casa, ella no quisiera ver a su madre, después de que la echara; pensó que no pisaría más su casa salvo para el velorio de su madre – ella se conoce y solo le perdonará cuando su madre esté muerta -, pero tiene que defender los intereses de su padre.

Seguro que Sebastián ya está esperando en el terminal, el pobre debe estar hecho un manojo de nervios; Sebastián es increíble, es ponderado para muchas cosas, pero un cobarde para los viajes; Adelaida sonríe pensando en su amigo.

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Sebastián está con dolor de estómago, está pensando en no ir a Chiclayo; pero ya tiene la aprobación de Nellita y hasta su padre le ha colaborado para el pasaje. Tiene miedo de quedarse sin dinero; ha retirado lo que le quedaba en su tarjeta y se ha pedido prestado de Luiz, doscientos soles.

Podría pasar la navidad con sus padres, aunque soportando a su cuñado y la familia de éste; pero quiere sorprender a Alexandra, le llevará un presente, que no será una rosa.

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Adelaida llegó, entra al terminal Fiori y le manda un mensaje de texto a Sebastián.

Adelaida, disculpa; recién estoy saliendo. Querido no te puedo esperar, porque más rato los pasajes van a subir más. ¿Cuánto están cobrando? Acabo de comprar mi boleto a ciento diez. Ya, no te preocupes, yo iré solo, nos vemos en Chiclayo. Cualquier cosa nos estamos comunicando, te mando mensajes de texto. Está bien querida.

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Sebastián está varado en Evitamiento por la congestión, piensa en lo sorprendida que estará Alejandra de verlo.

No hemos terminado mal, nos hemos quedado como amigos; le voy a dar un regalo de amigo. Pretextaré que estaba de paso, que me voy a Ecuador y que no me resistí de hacerle esta sorpresa. Conociéndola, enloquecerá; me abrazará y me dará mil gracias por el gesto. Seré muy feliz de verla tan contenta.

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Adelaida está en el bus; piensa que ya que está por allá, visitará la Cruz de Motupe; le pedirá más trabajo y salud, por amor ya no le pedirá.

Quizás la Cruz la desapruebe por el rencor que tiene a su madre, pero le pedirá perdón y prometerá cambiar.

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Sebastián llegó a Fiori, pero no sabe cuál es el terminal, no lo ubica, piensa que el terminal es la calle donde están los buses piratas llamando pasajeros; se acerca a uno que dice “Turismo Chota”:

¿Cuánto está para Chiclayo? Ochenta soles. Bien, subo – Sebastián piensa que consiguió una buena oferta.

Al entrar al bus, mira las caras de sus acompañantes y todos le parecen gente del mal vivir. Justo las señoras como las critica, gordas y desaseadas, con niños en brazos; y los varones, igual de sucios con el plus del lenguaje coprolálico.

Se arrepiente de haber venido, agarra su mochila con más fuerza.

Quizás estos señores intenten llevarse mis cosas si me duermo, no dormiré. Alejandra, si supieras todo lo que estoy pasando por tu abrazo navideño.

Un anciano se sienta a su lado, cosa que le gustó, piensa que los ancianos no pueden ser malos.

Buenas noches señor. Buenas noches mi hijo, ¿están pagando ochenta di? Sí, están cobrando ochenta. Estos son unos pendejos, por navidad están cobrando más. Pero están cobrando barato porque a mí me han dicho que han cobrado hasta ciento diez. No, ni que fuera en el terminal, en el terminal te cobran ciento diez; aquí que ni baño tiene te deben cobrar cincuenta, días normales cobran veinte. ¡Qué!, ¿esto no tiene baño? No. ¿Y cómo hacemos? Te aguantas, tu primera vez que viajas acá ¿di? Sí, pero cómo es posible que no haya baño – Sebastián está súper preocupado; esto le está afectando más a su gastritis.





Thursday, December 24, 2015

La navidad del niño Henry

Es la tarde de un 24 de diciembre, pero a Henry no le importa; a lo mucho en casa habrá chocolatada y un panetón seco. Henry busca a sus amigos para jugar. Todos tienen bicicleta menos él, hay chicos que están muy contentos porque tienen bicicleta nueva.

Hola Henry, ven súbete aquí – Alex le paseará a Henry.

Vamos a los condominios. Ya, pero vamos a bajar esa bajadita – con la redundancia -, quien no baja, ya sabe, castigo. No, no se vale, yo estoy con Henry – Alex protesta, pero nadie le escucha y todos se tiran disparados por la bajadita.

Henry tengo miedo. Tírate con fe – Henry nunca ha sido un cobarde y menos ahora con todos esos hijitos de mamá. Está bien, lo hago por ti.

Agarran mucha velocidad, Alex piensa que es mucha así que frena y antes de terminar la bajadita vuelan y se van de cara.

Alex se rompió la cabeza y Henry se raspó fuertemente la frente. Los demás niños impactados, no saben qué hacer al verlos tan mal. Unos señores se acercan, los cargan, meten a un taxi y llevan al Bravo Chico.

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Tienes que tocar la puerta. Ya, pero de otra casa, esta tía es una rechucha, es capaz de ir a mi casa. Yo gané y yo elijo la casa – Enrique le exige a Alex. No te preocupes, yo voy contigo, si nos pesca, digo que fui yo; igual si va a mi casa la América no va decir nada, a ella no le interesa – Henry apoya a su amigo.

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Esa navidad fue una de las más tristes para Henry, Alex recibió la visita de sus parientes; pero a él nadie lo visitó. Estaba en emergencia tirado en una cama, y cuando sonaron los cuetecillos – señal que ya era navidad – se hizo el dormido. 



Wednesday, December 23, 2015

La navidad del niño Keni

Keni piensa que será la mejor navidad que pasará, su padre ha comprado el Play Station. Espera el momento de celebrar la navidad, esto es, abrir los regalos.

Llegó las doce, Jhonson y Keni esperan abrir el súper regalo que Gonzalo ha comprado para los dos. Jhonson coge la caja, lo pesa; está pesante, el niño tonto no se equivocó, es un Play. Keni tiene la boca abierta de preocupación, ¿será el Play?, ¿y si Gonzalo no cumplió su promesa? Jhonson rompe la envoltura y Keni se da cuenta rápido que es el play.

Jhonson alza la caja en señal de victoria, Keni alza las manos y se arrodilla como si estuviera adorando a Dios, pero se ha puesto en esa posición torpe porque quiere agarrar esa preciosa caja que tiene el aparato que le hará verdaderamente feliz.

Pasó el momento de euforia, sacan el equipo y lo arman en la mesita que está cerca al televisor, viene el “Vivo” – la mascota de Jhonson – y bota el Play. Jhonson persigue al “Vivo” y le da de patadas, haciéndole llorar. Keni, deja el play y va a consolar al “Vivo”.

No te preocupes, no se hizo daño; ya tenemos nuestro Play – Keni acaricia al perro. Ahora voy a ser muy feliz, no sabes cuán feliz voy a ser. Era lo que más quería en esta vida, ya nada me puede hacer más feliz, tengo mi Play; esta es la mejor navidad de mi vida. Mañana comeré chanchito y te voy a dar carne, ¿ya?

El niño Keni está en pijama contándole al “Vivo” que es el niño más feliz del mundo. 



Tuesday, December 22, 2015

La Popis

Sebastián se levanta muy temprano; ha quedado con Magda.

Prende la computadora, escribe a Magda que en media hora irá para allá. Pone música. Se desnuda – está apurado -,  se mete a la ducha, deja caer el agua para pensar un minuto de miles de segundos en Alejandra, canta “Mi eterno amor secreto”.

Piensa que el próximo año será mejor, quizás mejor en lo profesional o en lo económico; pero nunca será mejor como las noches que pasó con Alejandra, nadie le podrá hacer dormir como un viejito.

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No deseas hacerlo por allí – Antonio mira lúbricamente el trasero de Alejandra. Viejito mañoso, qué te pasa, te voy acusar con mi mamá – Alexandra parece a la “Popis”. Ya pues Alejandra – Antonio la coge de los brazos, la echa en su cama y la voltea.

Alejandra intenta safarse, pero no tiene mucha fuerza. Antonio acerca su cabeza a la de ella y huele su perfume. El pecho de Sebastián late fuerte, Alejandra se ve tan linda así en la cama, sometida a él.  Antonio levanta la cabeza y se excita más al verle la nuca despoblada de los alborotados cabellos, acaricia con su nariz, a ella le gusta sentir la piel de su amante.

Antonio le hizo el amor, se acuesta a su lado y coge la mano de Alejandra; ella se siente un poco avergonzada, pero le gustó, se hace la dormida – es una linda mujer – y deja que Antonio la acaricie como él quiera.

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Cruza la Chinchaysuyo, ve estacionado el carro de Keni y decide escribir en la capa de polvo que lleva el auto: MAR-TAE.

Cuando lo vea, se recordará de mí. Piensa.