Sunday, June 1, 2014

Llegando tarde

Veo la hora en mi celular, son las doce. No tengo sueño, tengo mucha sed. Podría bajar y pedirle a la señora de la esquina una gaseosa helada, pero ya sé que ella no fía. No tengo dinero a la mano porque me gasté todo en unos libros viejos que compré en Amazonas; me quedé solo con un par de soles para el pasaje de regreso. Mañana pediré a Jorge Luis prestado cincuenta soles para mi semana.


Por la mañana cogeré la bicicleta temprano y haré un par de vueltas en el parque, por lo menos estaré girando quince minutos. Me da miedo salirme de mi circunscrita ciclovía. Pienso - tirado en la cama - qué estará haciendo Elena ahora, quizás estará pensando en mí, quizás estará acostando a Juanito o está planchando la ropa de su esposo.

Estoy completamente desnudo en mi cama, he aprendido a dormir desnudo desde que Elena y yo hicimos el amor. Antes dormía con pijama porque mi madre me enseñó a utilizarlo, pero la primera vez que Elena se quedó hasta el siguiente día - cuando ya habíamos terminado de hacer el amor  y me disponía a colocarme el pijama - ella me pidió dormir desnudos. Desde entonces duermo desnudo, porque pienso que a ella le debe gustar la idea.

Estoy con mucha sed y mi cuerpo suda. Los veranos de Lima cada año se hacen más sufribles. Tengo el proyecto de comprar una refrigeradora para siempre tener agua, además quiero comprarlo para poder tener chelas allí. Me gustaría tomar una noche con Elena aquí y terminar borrachos los dos hasta el día siguiente. Nadie se molestaría, ya me quedé una vez tomando hasta caerme – claro sin hacer escándalo – con Maximiliano. Me gustaría quedarme embriagado junto a Elena aquí en mi cuarto.

No puedo dormir, y sigo pensando en Elena, así que decido aprovechar mi insomnio y cojo el libro de Klarén - “Nación y Sociedad en la Historia del Perú”-, es una copia pirata. Leo la contratapa y al terminar la última línea me entrego a un sueño profundo.

Me levanto cinco minutos antes que el despertador timbre. Son las cinco y media, he comenzado a pasear en bicicleta a estas horas desde que una vez Elena me mensajeó muy temprano y para no estar celoso, de que saliera tan temprano a trabajar, salí con la bicicleta y di varias vueltas al parque, esto me ayuda a salir temprano y bañarme para ir al trabajo. Antes me bañaba volviendo, pero ahora me baño para ir al colegio.

Me coloco los jeans, no uso calzoncillos porque quiero vestirme rápido; igual no uso medias y me pongo un polo con mangas largas. Bajo la bicicleta. Después de media hora de dar vueltas; compro un jugo de naranja a Sandra, a veces le compro a Walter. Todo depende, si Sandra aún no ha llegado a la esquina le compro a Walter que es un tipo muy amistoso y se alegra cuando le voy a comprar; en cambio Sandra, ella nunca se alegra que le compre el jugo, pareciera que es una obligación que le debo comprar el jugo porque es la que está en la esquina y Walter está en medio de la cuadra. Lo bueno es que ella sí fía; Walter también fía, pero no siempre sale a vender jugo.

Son las seis de la mañana, regreso a mi habitación, tomo una ducha y me cambio con toda la tranquilidad posible. Suena la puerta de Jorge Luis, se esta yendo, tengo que pedirle dinero porque sino no podré ir a trabajar y tampoco podré tomar el desayuno. Jorge Luis disculpa, me puedes prestar cincuenta soles, yo sé que… No te preocupes Joaquín, espera. Entra a su habitación, sale y me da los cincuenta, se despide diciéndome, ya después me lo das. Y yo, gracias.

Me quedo pensativo porque casi todos los meses estoy pidiendo prestado a Jorge Luis los cincuenta soles. Creo que me los debería regalar, porque le pido en la quincena, se los entrego el treinta y vuelvo a pedírselos la otra quincena. Esto es una maldición de mi padre, sí, recuerdo a mi padre cuando me dijo, como profesor vas a morirte de hambre, te voy a tener que mantener toda la vida. Y así es, mi madre me manda doscientos soles cada mes para poder pagarme el cuarto, me dice que mi padre no sabe de la subvención, pero sé que lo sabe, y bueno los tres hacemos como que nadie lo sabe para que no me sienta mal. Viviría con ellos, pero no quiero vivir en la misma casa donde vive mi cuñado. Nunca le di a elegir a mi madre, pero pareció que así era. Cuando mi cuñado entraba a mi casa, yo salía de allí. Cuando veía que su carro estaba afuera, no entraba hasta que se haya ido, y a veces no se iba sino hasta muy tarde. Y por eso quedaba a fuera hasta las doce o una. Cuando mi hermana se estableció en la casa me molesté tanto que me fui a dormir a un hospedaje y fue entonces que decidí alquilar un cuarto. Cerca de la casa, porque necesito que me colaboren con los almuerzos. Pero desde que me fui, mi hermana ocupó el segundo piso y su hija mi cuarto en el primer piso. Yo encantado que mi sobrina ocupe mi cuarto, pero me dolió cuando llegué a casa y vi que mis libros estaban en unos costales y mi madre y mi padre discutiendo porque él los había sacado de mi biblioteca.

A mi padre no le gustó que me fuera, y en señal de protesta, sacó mis libros y me los entregó diciendo, si te vas te tienes que ir completamente, nada de dejar tus cosas aquí. Yo, claro papá… pero no quería llevarme los libros. Pensé que podría pasar la tarde en mi habitación como si fuera mi biblioteca, siempre quise tener un lugar exclusivo para estudiar. Pero es un lujo que no me puedo dar.
Mi padre es buena gente, me digo; pero hay que entenderlo. Su vida de joven no ha sido fácil. Él quedó huérfano de madre a los 8 años y de padre a los 18. Además mi padre siempre que se emborracha comienza a llorar porque su hijo le salió hombre, y festeja como si fuera un acontecimiento reciente. Me debe amar, pero como nosotros no somos cariñosos, los gestos en casa es cosa extraordinaria. Con Melissa solo no besamos dos veces al año, para su cumpleaños y por navidad. A mi sobrina sí la apapacho y la beso, pero cada año con menos frecuencia.


Perdido en estas cavilaciones se me pasa el tiempo y tengo que apurarme para no llegar tarde al colegio. Llego con cinco minutos de retraso, y detrás de mí llega la profesora Diana y me dice cerca al oído, al ver que estoy registrando mi ingreso. Ponle que son las siete y cuarenta. No puedo, el que llegó antes puso que entró a las siete y cuarenta. Entonces, ponle siete y cuarenta y dos. No porque ya me han visto que he llegado tarde. Ya entonces déjame escribir primero. Pero ya le puse mi nombre. Hay tú siempre eres así, después no te estés quejando que te han descontado. Volteo, la saludo sin beso y me voy a la sala de profesores.

Saturday, May 31, 2014

El príncipe Sebastián

El rey Henry, está muy furioso, Sebastián es un príncipe débil, aniñado, no tiene el carácter de su padre. Reprimendas delante de todos, a Sebastián no le importa un reino arcaico.

En el Instituto de Oficiales del Reino, Sebastián conoce a Antonio, ambos se hacen amigos y sus días son de voracidad propia de adolescentes.

No quiero un reino, quiero libertad. ¿Pero quién tiene mayor libertad que aquél que tiene la capacidad de decidir por la vida de los otros? El rey no es libre, es un ser amargado que vive en un castillo lleno de moho; que nadie respeta, que todos temen.

Los tiempos pasan, el príncipe ya es un hombre y debe alinearse a los planes por su primogenitura. Ha de casarse con Elena, una de las princesas de los Marnav.

¿Y cómo es la princesa? Hermosísima. ¿Cuántos años tiene? Veintiséis. Pero sí yo solo tengo veinte. Pero es hermosa y te dará descendencia afortunada, no te preocupes, fácil la has de amar – Antonio calma a Sebastián.

Pero Sebastián habría de enamorarse plenamente cuando conoció a Elizabeth, una joven plebeya que vende flores en la Calle Real.

¿Te gusta la florista? Sí, ¿la has visto?, es linda. Pero si es una niña.  Es la niña más encantadora que he visto. ¡Estás soñando!, no la encuentro nada que no pueda superar cualquier mujer de la corte. Pero nadie como ella sonríe, su sonrisa es natural. Puede ser, pero qué importa una sonrisa. Tienes razón, lo que importa es el amor.

Sebastián conoce a la princesa Elena, es amable, inteligente, seria, interesante, es perfecta. Sebastián no la quiere. A la princesa tampoco le agrada mucho el infantilismo del príncipe.

Es hermosa, pero no sonríe. Porque no le has dado oportunidad. No sonríe porque como toda cortesana está tirada para los modales y la apariencia. ¿Qué harás? Huiré, quiero irme a Inglaterra, Elizabeth irá conmigo. ¡Estás loco!, el rey te mataría, es algo muy arriesgado; ¿quién podría ayudarte? El amor está dispuesto, necesito la amistad ahora; tú eres mi amigo y me ayudarás.

Elizabeth cruzó el Canal de la Mancha en un barco humilde, espera la llegada del príncipe.

Nunca te voy a dejar de agradecer esto. Nos volveremos a ver en Inglaterra, yo iré en un par de meses una vez tramite mi baja del Instituto de Oficiales, toma estas credenciales te harán cruzar sin ningún inconveniente, allá estarán mis familiares que te recibirán, ahora solo eres un simple liberto.

Oficiales capturaron al príncipe, éste fue torturado y confesó quién le ayudó en su intento de fuga. Se hizo un juicio para el conde Antonio: treinta y cinco años de prisión. El rey obligó al tribunal a cambiar de parecer, sería la decapitación.

El príncipe es llevado a la plaza a ver a su amigo morir, cuando a éste le hacen pasar cerca, el príncipe Sebastián le pide perdón.

Perdóname Antonio. Nada tengo que perdonar al futuro rey.

La cabeza de Antonio cayó en un cesto.

Friday, May 30, 2014

Mi mejor amigo

Sebastián es el típico hijito de mamá, no que todo lo haya tenido, porque en un distrito como San Juan de Lurigancho no todo se puede tener, pero en ese mundo, todo ha estado a su alcance. Solo dedicado a los estudios, bien comido, con ropa bien, siempre limpio. Plus: hijo único.

Antonio es típico hijo del borracho, que tiene que salir a ganarse la vida al lado de Pipo – su padre-. Que no tiene para comprarse unas zapatillas decentes, que anda con las mismas mudas porque no tiene más que dos jeans y cuatro prendas superiores.

Ambos se encontraron en la academia, y se hicieron amigos; y de pura casualidad, porque ambos no son de hablar mucho, porque ambos se matricularon tarde, porque se sentaron juntos, porque regresan con la “Z” para sus casas.

¿Y para dónde vas? San Juan de Lurigancho. Yo también vivo en San Juan, ¿dónde te bajas? Vivo en las Flores. Yo por Chimú - responde Sebastián-. Chevere, entonces vamos juntos, pero a mi me gusta caminar por jirón, cruzar el Pte. Trujillo y de allí tomo los Naranjas. Ya, yo también puedo tomar esos Naranjas.

Los amigos se ayudan:

¿Qué no entiendes? Trigo me está complicando, pero no tengo tiempo tampoco para practicar mucho. Yo lo entiendo, te puedo ayudar, si gustas bajas a mi casa el sábado y te ayudo. No puedo yo trabajo. ¿Qué trabajas? Ayudo a mi padre, él es albañil. El domingo puedes. Sí, dependiendo si no hay chamba, puedo el domingo más seguro en la tarde. Perfecto, entonces estudiamos juntos el domingo.

Se cuentan la vida:

¿Qué y Elena ya atracó? Sí, no sabes cholo, me dijo que sí. No jodas, ya quiero conocerla, si es tan linda como dices. ¿Y tú cuando? Aún no encuentro a la flaca de Santa Anita, hoy estuve en la mañana por la esquina que la vi, pero nada; estoy perdiendo esperanzas de que viva por allí, quizás solo visitaba esa zona. Pero creo que está bien trucha que la encuentres, pero habiendo tantas flacas. Sí, pero quiero encontrar a esa chica.

Los amigos tienen enemigos comunes:

Ese pata me jode. ¿Por qué? Porque se cree la gran cosa, no viste que pasó sin pedir permiso y la otra vez me empujó en el quiosco - Antonio en tono adusto -. Ya, déjalo, está bien grande, fácil te pega. Nada cholo, recuerdas que trabajo con peso, soy bien resistente. Sí huevón, y la otra vez como con Luiz (Luiz con z) te bajoneaste. Es que estaba en falta pe, cuando sé que estoy en falta no digo nada. Ya, a mi tampoco me cae ese huevas.

Los amigos se arriesgan:

Oe Luiz dice para ir a la Marina. Pero está bien lejos huevas, vamos a llegar muy tarde a casa. Pero qué, tú no dices que tus viejos no te molestan; por mí, a Pipo no le importa si duermo o no, a él lo único que le interesa es que esté en la mañana para levantar lata. Ya normal, ¿para qué vamos? Vamos a comer hamburguesas.

¿Qué tú no eres fiel? Claro, ¿por qué la duda? Pero cómo vamos a entrar aquí, este es un puterío. Jajajaja, ya sabía que te ibas a poner así, normal solo vamos a ver qué hacen estos pajeros. No huevas, vámonos, pueden que tengan el sida – Sebastián es hipocondriaco -. Oe, eres un chiste, solo pásala bien.

Una chicas se acercan a la mesa, Luiz abraza a dos y las distribuye para sus amigos. Sebastián tiene mala suerte y le toca una gordita muy pesada que se sienta en su enclenque pierna. Es cortés, comienza hacer sumas y restas: “Tengo cien, compraré dos jarras, de aquí a San Juan me van a cobrar veinte en taxi”.

Oe cholo, no te preocupes, relájate, yo pago – Luiz regala su plata. No Luiz, yo pago, tengo plata. Jajajaja, este robotito es un Cage – Luiz está fumando. Cholo, mira – Juan entra a un cuarto oscuro con una de las chicas -, son sesenta, te invito. ¿Qué tú quieres entrar? No huevas, yo a Elena la respeto, pero tú estás solo pues. Nada huevas, yo soy hipocondriaco. Oe pero solo es perreo. Paso, loco, ya se hizo tarde vámonos. Pero ni has terminado tu jarra. Es que yo no tomo. Puta sano eres chibolo – la gordita se les acerca -, qué pasa papito no te gusto y le da un beso – Sebastián se pone rosado y baja la mirada. Jajajaja, oe eres virgen cholo – Antonio se ríe y abraza a su amigo. No llores huevón, yo también soy virgen.

Los amigos se despiden:

¿Qué pasó?, ¿por qué no viniste? Cholo, hay que ser realistas, no voy a poder pasar el examen, tengo que trabajar y ya me di cuenta que no la hago; además, cada vez le entiendo menos matemática. Pero esfuérzate, yo te voy ayudar. Fácil tú la haces, eres el mejor; tienes tiempo para estudiar, tienes dinero, puta te envidio cholo. Oe huevas, no pues, yo te voy ayudar. Cholo, me voy a Estados Unidos. ¿Por qué? Una amiga de mi mamá le debe un favor – dinero – y como ella tiene residencia puede llevarme para trabajar allá. Huevas, pero qué vas hacer allá, vas a ser sirviente de los gringos. Sí huevón, pero tú crees que aquí me espera algo mejor. ¿Y Elena? Elena tiene un hijo, y es mi mayor, fácil que se desenamora de mí. ¿Te vas huevas? Sí, viene para proponerles ir a la playa antes de mi viaje; viajo en la quincena. Huevas tan rápido. Viajo de ilegal.

Los amigos lloran juntos:

Ese Luiz se va de la academia, dice que entra en la Facilazo – todavía no existía UCV -. Sí, ya sé, ¿qué bien corre olas no? Y tú no te metes. Huevas, no sé nadar. No jodas, puta no jodas, ¿no sabes nadar? Ven sígueme, vamos yo te enseño.

Antonio y Sebastián van juntos a la playa, Antonio le explica y Sebastián lo hace, se emociona sigue avanzando y lo logra, de pronto se desespera al verse lejos y no encuentra a Antonio y se comienza ahogar.

Jajajaja, puta tú sí eres un chiste cholo, pero sí estabas nadando. Necesito arena, arena por favor, arena – pisa arena -. ¡Qué!, ¿quieres que te dé respiración boca a boca? ¿Pero tienes un halls? Jajajaja, concha tu madre, cholo chistoso – Luiz se burla de Sebastián -. Ya huevón, no lo jodas – Antonio lo defiende.


Antonio… ¿y cuándo vuelves? Mira, solo voy hacer un dinero para comprar una casa, como me ha dicho mi vieja, fácil lo hago en tres años; quiero volver a verte, vamos a estar en contacto. ¿En tres años? Sí, en tres años, hasta antes. Huevas… en tres años ya no estaré aquí. ¿Por qué cholo? – Antonio se preocupa -. Porque tengo leucemia – Sebastián le mira fijamente a su amigo - y el doctor le ha dicho a mi madre que solo me queda unos años de vida. 

Thursday, May 29, 2014

EL ENFERMO

Solo, sentado, esperando los resultados.

En una sala brillantemente iluminada y oliendo a pino.

Seguro Mañana vería a la dama que insistía con las llamadas y por fin sabría cómo es.

Cómo será, qué aspecto tendrá. Tiene un bonito timbre de voz, y las ocurrencias que dice me han enamorado. Después de tantas conversaciones me la imagino de una manera fantástica. Qué contraste el de su persona con esta gran sala, fría y deprimente.

Escuchó su nombre, se levantó, relajó los brazos y se dirigió a la habitación del doctor. Antonio posó en él su mirada melancólica y serena, y guardó silencio.

Tienes sida.

Sobre la barba, mentón varonilmente pronunciado y aguileña nariz, brillaba el orgullo indómito de sus ojos grandes y negros y un tanto hundidos bajo la albura de la ceja selvosa.

Sí, lo comprendo.

Se retiró de la consulta sin hacer caso a lo que el doctor le decía, se sentó nuevamente en la sala. Antonio tendió la mirada a toda la sala. Buscaba a una mujer. La sala estaba solitaria, abajo se veía masa popular abigarrada, por momentos más numerosas, llevando sus abrigos, sus chullos y guantes.

Elena estará tan sólo con un polito, en Lima está haciendo calor y aquí nosotros muriéndonos de frío.

Escuchó nuevamente su nombre, entró a la misma habitación.

Sr. Matencio, usted tiene Cáncer.

Antonio, se retiró de la habitación sin decir nada, sólo sonrió. Nuevamente no hizo caso a lo que el médico pronunciaba.

En la sala, no hay nadie. Está sólo en aquella sala. Se esforzó por reaccionar pero no podía. Vio que sus zapatos estaban con barro, alzó su pantalón para ver el color de sus medias.

Son blancas como a Elena le gustan. Y pensó que debería usar algún producto para sus pies.

Desde la habitación contigua nuevamente le ordenaron que pase, Antonio pasó y encontró al doctor Arias, con su uniforme blanco. El doctor le dio la mano y el por inercia le respondió.

Sr. Matencio, usted va ser padre. Es muy importante que sepa esto, y espero que lo tome a bien, Elena está delicada y lo que le ha acontecido es un riesgo de aborto. Ella necesita de un cuidado especial. ¿Usted la ha golpeado verdad?

El robusto Antonio rió, se dijo para sus adentros “a ti que chuca te importa”. Y se retiró nuevamente a la sala a seguir esperando.

Mañana veré a Elena, será bella. Qué ropa llevará, cómo estará ahora. Y se dio cuenta que llevaba el uniforme de la Mina.


De pronto despertó, estaba sudando tirado en unos cartones. Su jefe le estaba llamando. El flujómetro se había desconfigurado.

Wednesday, May 28, 2014

Dependencia emocional

Mario camina descalzo, prende la computadora y escucha Estopa, camina a la ducha, con el dolor de espalda que le genera su dependencia emocional, quiere dejar de querer en exceso.

Camina hacia la cama y se viste. Ve el celular, son las diez; dice una grosería.

Pone la foto más linda de Elizabeth y la besa, toma su mochila y se va al centro.

Camina por el jirón y se pregunta, ¿qué hago caminando solo? Llama a Elena y ella le acompaña en su trayecto rumbo a la ONPE.

Se reúne con la doctora y le entregan los libros. De regreso llama a Ángela y conversa sobre su estadía en Arequipa. Sigue caminando solo.

Llega a su cuarto, se quita los zapatos y las medias, y camina descalzo, hace frío pero quiere sentir piso. Su dependencia emocional es una raíz azul que se entierra en la mitad de la espina dorsal y se ramifica rumbo hacia la cabeza.

Va a comer, deja la mitad de su plato. En su trabajo está muy concentrado en Elizabeth. Busca ayuda en la picardía de sus compañeros. Sonríe, pero sigue deseando estar con ella.

Llega la noche, ahora su dolor de cabeza se intensifica en la cima. Quiere llamarla, pero teme que no le conteste. Hace un paseo con la ausencia de Elizabeth rumbo al Óvalo antes de regresar a casa.

Abre su habitación, se quita la ropa para sentir frío y se pone a escribir una carta de despedida.

Tuesday, May 27, 2014

¿Quién es Sebastián?

El príncipe Sebastián se enamoró, se casó, tuvo dos hijos hermosos como él. Un día uno de sus hijos le dijo, “padre, te amo tanto… déjame ir a las alturas del cielo para no avergonzarte porque no soy lo suficientemente bueno para ti”. El príncipe Sebastián no objetó porque vio en su hijo un defecto y por ello dejó que sea sacrificado para que no manche su reputación.


Pasaron los años, Sebastián ya convertido en rey llamó al único hijo que le quedaba y le confesó, “Me gusta Elizabeth, tu mujer; te amo tanto, pero más la amo a ella”. El hijo le contestó, “Elena, mi madre, te ama tanto como yo a ti; puedo sacrificarme. Tómala, Elizabeth ahora es tuya”.

Sebastián tomó a Elizabeth, la hizo  suya y humilló a Elena – la reina-. Su hijo se suicidó y Elena murió de tristeza.  El rey se quedó con la joven y tuvo otros hijos.

Pasaron los años y ya anciano llegó Antonio, su amigo. Él era un anciano, pero tan bello como el rey, libaron juntos, lloraron porque el rey era infeliz ya que no tenía a su familia.

Antonio le increpó: Siempre te he amado, y por eso te abandoné, para no serte piedra para tu coronación… han pasado años y pensé que no querías verme. Dime, ¿por qué no eres feliz?, ¿yo te dejé todo para que seas feliz?

Sebastián le respondió: Si es verdad que me amabas, no me hubieses dejado, si en verdad me hubieses amado me hubieses aconsejado el día que sacrifiqué a mi hijo, me hubieses recriminado por faltar a mi mujer, si en verdad me hubieses amado, no me hubieses dejado tan solo sin ningún amigo; recuerdas Antonio, tú te fuiste, no esperaste a mi coronación.

Antonio, que se veía como un vagabundo, respondió: “Y de qué valió todo lo que te escribí, solo tenías que haber respondido y allí estaba; ¿cuántas veces te escribí Sebastián?, ¿cuántas veces respondiste a los mensajes?”

El rey se levanta, lo abofetea: “Quién sabe amar más…un anciano imbécil que ha vivido en la compañía del desierto, que ostenta tantos libros leídos como canas tiene;  o yo que soy el rey y que me he acostado con las más bellas de este mundo”.

Antonio se incorpora lentamente y responde, “Yo”.

El rey se ríe de Antonio y le increpa, “¿Tú?, tú eres un hazmerreír…”.

Antonio se descubre el rostro y le pregunta, “¿A quién has dicho hazmerreír?”. El rey ve a su amigo y se sorprende verlo idénticamente a él pero con un rostro en paz… llora y entiende que sucedió.

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Cuenta la historia que había dos príncipes – Sebastián y Antonio -, hermosos príncipes que se encontraron en el camino por alcanzar un reino. Los dos se hicieron amigos porque se parecían mucho y porque eran nobles, no había maldad en ninguno. En el trayecto, Sebastián le preguntó a Antonio, ¿Sí llegamos y nos reciben, tendremos que luchar por el reino? Antonio le contestó, “Tú eres el mayor, no voy a luchar contigo, seré tu fiel guía, tú serás mi rey… tú eres mi amigo”.

Sebastián se sintió orgulloso ya que su amigo reconocía que él era más bello y con mejores cualidades, se complació con la respuesta  y le prometió: “Nunca te separes de mí, voy a necesitar de tu consejo”.

Al llegar al reino, ambos fueron amados y respetados. Pero un día, Sebastián cogió a una niña y la hizo suya abusivamente, Antonio le reprochó. Sebastián guardó rencor por su amigo y se hacía más soberbio, y el príncipe Antonio se alejaba de él. Cuando hubo la oportunidad de elegir al rey, los ancianos decidieron optar por Antonio.

Sebastián y Antonio lo conversaron y éste último decidió desterrarse para que no haya una disputa entre los dos; Sebastián – que aún amaba a su amigo - le dijo que no deje de escribir que él siempre esperaría sus escritos. Antonio aceptó, “nunca dejaré de escribirte, por favor responde”, así terminaban sus cartas.

El rey Sebastián las leía y las desconsideraba. Siempre que tenía un problema las leía y recordaba a su amigo. Pero luego, se reponía de su melancolía y hacía el mal.

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Antonio responde al rey: “Tranquilo, aquí estoy yo… Soy tan igual a ti, yo también amé a Elena, y sé quién es Elizabeth”.

Llora Sebastián: “Pero… mis amores fueron prohibidos, pero los cogí y me plací”.

Antonio lo consuela: “Tranquilo, aquí estoy yo… para enseñarte, ya no te escribiré… sé que no vas a leer amigo mío, por eso ahora voy actuar”. Le mira con ternura, le coge los cabellos ensortijados y ve en su amigo un Cristo sufriente: “Mañana moriré, me abriré las venas en mi tina caliente”.

Sebastián: “No hagas eso por favor, ¿Solo has venido para morir y dejarme nuevamente?

Antonio: “Claro que no, he venido para darte una oportunidad. Con mi muerte serás nuevamente joven… en la tina quedará una esencia que te dará juventud”.

Sebastián “¡De qué sirve la juventud si no te tengo! Nuevamente me voy a equivocar”.

Antonio: “Pero quiero darte esa oportunidad, no importa que yo muera, importa que yo sea tu amigo”.

Al día siguiente el rey se quedó en su casa solo con dos de sus hijos, que eran los que había tenido con Elizabeth. Ella no había aguantado el desprecio de la sociedad y huyó. Uno de los niños le dijo, “Ayer mi maestro me ha dicho que la virtud es procurarse la felicidad sin hacer infeliz a los demás”.

El rey Sebastián: “¿Tú maestro es el anciano que recién ha llegado? Él es mi amigo, y te ha dicho algo cierto”.

Niño: “Dime, mi amado rey… entonces, ¿está bien que tu amigo muera para que tú tengas otra oportunidad?  Mi maestro hoy morirá, se dice que tú – el rey – le has pedido una esencia que te hará más joven”.

El rey Sebastián corrió a la casa de Antonio, desencajado lo encontró en su tina en un charco de sangre… su rostro estaba blanco completamente blanco y sus labios dibujaban una sonrisa. El rey abrazó el cuerpo desnudo e inerte, lloró… y estaba desconsolado, cuando de pronto una mano tocó su hombro, era Elena… tan joven como cuando la vio por primera vez. Atrás sus dos hijos, era nuevamente joven como se lo había prometido su amigo.

Su hijo mayor: “Padre, mi maestro a muerto, el príncipe Antonio ha muerto… ahora tú eres el rey”
Elena: “Mi amor, es el día en que te coronarán, sé que tu amigo a muerto, pero ha muerto para que tú seas el rey”

El príncipe Sebastián lo entendió, la promesa de su amigo era verdad, ahora él sería el rey.

Monday, May 26, 2014

Tengo tu foto

Estoy viendo tu foto, esa foto en que sale la niña que llevas dentro.

Esa en que la gente pasa por ambos lados sin tocarte.

Esa en que tus ojos se ponen grandes porque hay una duda en tu mente.

Es la foto más linda, esa en que estás con todas esas putas vidas.

Esa foto que dejaste para las jodidas vacaciones.

Y hay un detalle:

Mi nombre está en esa foto.