Wednesday, May 18, 2016

Adiós


Sebastián baja del auto, su amigo se despide con un gesto y él solo le mira.

Sebastián cruza la pista y entra al restaurante, cuando se encuentra con la señorita recuerda que ella le pagó con una moneda falsa la última vez y eso le da cuenta de que no tiene dinero, que se gastó el último sol que tenía en una avena. Sale del restaurante simulando apuro.

Llegó al colegio, saluda a sus colegas y registra su asistencia. Tiene cuarenta y cinco minutos libres, se sienta a escribir un a carta a Alejandra en la computadora de la sala de audiovisuales.  

Para leer la carta, hacer clic al siguiente enlace:

http://elprincipedecleves.blogspot.pe/2015/12/carta-de-mario-arias.html





Tuesday, May 17, 2016

Un día sin Alejandra

Un día leerás esta carta, en la cual me despido para siempre.
Se despierta temprano, un minuto antes que el reloj suene, será su reloj natural que siempre hace que se avive antes que suene la alarma. Se queda mirando el techo, piensa en Alejandra.


Siente el frío de su desnudez con el contraste del abrigo de su colcha, se encoje y repite el nombre de Alejandra; ora, ora a Dios para que le permita algún día amarla, piensa que quizás Dios es un demonio que podría hacerle el favor de que ella volverá y esta vez para amarle.

La directora le ha felicitado por su buen trabajo, sigue con los videos, le ha ido bien en la universidad y pudo apoyar a Elizabeth; se estresa de todo el trabajo, pero es lo mejor, al menos eso le distrae de no tener a Alejandra como él quisiera.

Todo sería perfecto si Alejandra estuviera conmigo, si ella me amara como yo la amo; si fuera así, ella estaría aquí en mi cama. Sería genial, la abrazaría y acariciaría, le hablaría mil cosas para que sonría, le molestaría para que me muestre su rostro de enojada, luego la haría reír para embriagarme de lo bello que son sus gestos.

Sería perfecto que Alejandra me amara, juntaría todo el dinero de los libros y con ello nos iríamos al Cusco, porque me gustaría que fuera conmigo a ese símbolo del orgullo nacional; lo malo está en que a ella no le gusta caminar, pero igual, si ella me amara, caminaría a mi lado.

Se pasa el tiempo, tiene que salir, hoy tiene clases en la mañana y en la noche. Se quita las medias, se coloca las sandalias y va directo a la ducha, no hace mucho frío. Hace caer el agua en su nuca, retumba en su cabeza el nombre de Alejandra; ella dormirá hasta tarde, piensa.

Toma un colectivo en la Chinchaysuyo, llega temprano. Se aburre con las clases, el docente no tiene didáctica, no tiene conocimiento, no tiene nada. Hace la tarea que el indica el docente, le entrega el documento y le pregunta si se puede ir, apenas son las once; el docente – que se incomoda con la presencia de Sebastián – asienta.

Se va a la biblioteca, quisiera llamar a Alejandra, pero no quiere molestarla. Se pone a leer un libro sobre derecho de familia. El tiempo pasa rápido, sale de la universidad rumbo a su trabajo.

Dicta con mucha pasión su clase sobre la reforma protestante, recuerda que fue adventista y que creía en Dios, y que ahora – que piensa que Dios existe – no cree que Dios pudiera ayudarle en nada.

Tiene una hora libre, lee un libro de historia sobre la Revolución Industrial, las últimas tres horas pedagógicas las tiene con los cuartos. Piensa en un momento, mira los mensajes que le envió a Alejandra para que le perdone, y se dice que fue en balde, que mejor no le hubiese escrito nada, que jamás tuvo que pedirle perdón, igual siempre ella le abandonó.

Después de su hora libre y el recreo dicta la clase al cuarto “B”, termina y sale apresurado del colegio para llegar temprano a su clase. Es más de lo mismo, un profesor que no dice nada interesante, una práctica con el código; termina rápido y le pide al docente para irse, éste asienta.

En el trayecto se queda callado, nadie está con él; se siente completamente solo, quisiera estar con Alejandra, quisiera recibir su caricia, como cuando de la nada le tocaba la oreja o reposaba su cabeza en su pecho; pero eso que ahora desea tanto jamás volverá a ser. Su corazón llora. 




Wednesday, May 11, 2016

La maestra Alejandra

Ella es una buena maestra. Te enseña a enamorarte.

Con la primera lección, te enseñará a querer protegerla; con su llanto de niña, te capacitas en cuidarla y suplir sus necesidades.

La segunda lección, la competencia es ser feliz sin pensar en el futuro; te capacitas en olvidarte de los tuyos, en desinteresarte de las cuentas, que no importa si te lleva a la banca rota.

Tercera lección, la competencia a desarrollar: Tu tiempo es de ella, no tuyo; y su tiempo es de ella, no tuyo. Te capacitas en esperar sus llamadas; si vas a llamar, tiene que ser con mucho cuidado porque quizás y esté indispuesta. Así mismo, debes comprender que los sábados solo la podrás ver un par de horas, no llames porque se puede enojar; y los domingos no la verás.

Cuarta lección, la competencia a desarrollar: Guarda tu distancia, mi familia es mi familia, mis amigos son mis amigos, tú eres alguien aparte. Te capacita a que entiendas que nadie debe saber que ella estuvo contigo, que tú eres un punto aparte de todo lo que es importante para ella; quizás seas algo así como un pequeño defecto que no se atreve a confesar.

Pero también tiene cátedra para desenamorarte.

Primera lección, te dejará todas las veces que quedará contigo.

Segunda lección, despreciará tus presentes y gestos.

Tercera lección, será franca contigo y te dirá que no le llames, porque le incomodas.

Cuarta lección, te dirá que no tiene tiempo para estar contigo.

El curso “enamórate” es el más fácil, no hay pierde; solo tienes que dejarte llevar, no tendrás que esforzarte. El curso “desenamórate” es muy difícil, probablemente y no lo pases, dolerá mucho. 


Tuesday, May 10, 2016

La forma en que me haces llorar


Sebastián se levanta muy temprano, unos perros ladran y piensa que algo malo le tocará el día de hoy. Mira el reloj, aún no son las seis. Toma cuenta que no tiene medias, y que sus pies están helados; se levanta, busca unas medias, se las pone y regresa a su cama.

Piensa en Alejandra, en el bonito día que tendrá hoy, que seguro todos sus días son bonitos. Quizás los días de Alejandra han sido bonitos solo cuando él no ha estado en esos días, por es que ella no le busca, a ella no le importa que él esté solo.

Se le inundan los ojos, se limpia y va a la ducha. Hace caer agua a su nuca y piensa en que ella y él son muy diferentes.

Ella se levantará muy tarde, porque su trabajo comienza a las nueve, y desesperada acomodará sus cosas para salir solo tomando un jugo y una rosquilla. Él se levanta temprano, a pesar que su trabajo es de tarde; leerá un poco de las noticias, verá su cuenta de youtube si algo nuevo pasó, revisando el Facebook, que quizás Alejandra se recordó de él y se lamentará por estar pendiente de ella; bajará a tomar el desayuno en la esquina, leche de soya y un par de panes con tortilla o queso, todo a tres soles.

Ella en el trabajo estará sonriendo, sus amigos le harán reír, ella se sentirá la chica más guapa, la más joven, hará sus muecas huecas que le ponen contenta. Él estará renegando con sus estudiantes, serio, estresado porque tiene mucho que hacer y no le queda tanto tiempo para leer; preparará los ensayos que su amigo le ha pedido y luego revisar el trabajo de investigación de Elizabeth.

A ella estará con su novio, irán al cine – porque un día que no vaya a la universidad no cambiará nada -, comprarán canchita cara, gaseosas en vasos grandes. Le dará cariño a su amado, le limpiará la boca de algún residuo, le dará un beso suave y acomodará sus cabellos. Él saldrá cansado de su trabajo – un poco contento porque creerá que hizo un buen trabajo con los chicos de quinto, ellos le animan mucho porque están muy atentos a su clase -, pero luego se sentirá solo caminando hasta la Wisse para ir a la universidad, tomará una mototaxi porque no quiere ver a Alejandra llegando con su novio.

Ella se irá a un hospedaje, hará el amor con Víctor; se cuestionará porque su amante es muy experimentado, se sentirá vacía, porque sabe que su torpeza no es producto de su juventud, sino porque no ama a su acompañante, sabe que solo es una obsesión, un enamoramiento que le ha anquilosado el cerebro. Sebastián pasará por el salón de Alejandra para al menos verla, al no encontrarla se pensará en que algo le ha pasado, que quizás peleó con Víctor, que quizás le necesita y que puede llamar en cualquier momento; pero como no llegará esa llamada, poco a poco se disipará su preocupación y volverá a la realidad que le toca, se dirá que es mejor así, que muy pronto no sentirá lo que ahora, que llegará el día en que Alejandra no signifique nada para él.

Sebastián sale de la ducha mojado porque está sonando el celular, es Elizabeth.

Cholito, si no quiere verte, es porque no le interesas; olvídala ya.