Saturday, April 2, 2016

Sábado

No te vayas, por favor no te vayas. Lo siento Sebastián, pero se acabó – Alejandra está decidida. No, no me puedes dejar, mira, puede que te vayas ahora, está bien, me puedes dejar ahora, pero sé que algún día volverás; me necesitarás y volverás, yo siempre voy a estar aquí esperándote…

Sebastián llora, está en la universidad, en un apartado. Es de noche, no quiere salir de ese lugar porque todos se darán cuenta que ha llorado.

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Es sábado por la tarde, Sebastián sale de la universidad y toma un carro rumbo a Abancay. En el trayecto sube una hermosa señorita con un niño que probablemente sería su hermano porque éste la tutea y ella le enseña cómo convertir los centímetros en milímetros.

Sebastián la mira, le parece hermosa, es blanca y tiene el cabello sedoso largo. Ella se da cuenta de la mirada de Sebastián, le sonríe y acomoda su cabello dejando expuesto su cuello.

En todo el trayecto Sebastián la mira y compara con Alejandra. Alejandra es morena y sus cabellos ensortijados, ella tiene la piel blanca y sus cabellos son lacios; Alejandra se ve fuerte, pero algo inmadura; esta señorita se ve delicada, sofisticada y madura. Alejandra tiene una voz amigable, suena con mucha simpatía; la mujer que admira tiene una voz pausada y seria, pero agradable.

En Abancay, el carro está avanzando lentamente por la congestión. Sebastián decide bajar y caminar.

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Sebastián regresa a su aula y se encuentra con Adelayda.

Querido, ¿qué ha sido de tu vida?, después de subir a la Cruz ya no supe más de ti. Perdóname, planifiqué mis días para visitar los museos y parques que ya no puede visitarte, pero estoy muy agradecido por lo linda que fuiste conmigo en Chiclayo. Jajajaja, fuiste tú el más lindo por visitarme, por lo renegón que eres pensé que ni te acercarías a mi casa, después que no te esperé en el terminal. Nada, cómo piensas eso; estuve muy contento de pasear contigo y subir a la Cruz de Motupe – Adelayda observa que los ojos de Sebastián están rojos. ¿Qué te ha pasado querido? Nada. Pero has estado llorando. No, solo que he estado en la computadora mucho tiempo; vamos te invito a tomar un jugo. Vamos.

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Sebastián retira dinero para comprar frutas para Alejandra. Al salir del cajero encuentra a la mujer con el niño haciendo cola. Ella le sonríe y él le responde con otra sonrisa.

Sebastián camina para la casa de su hermana. Mira el celular para saber que hora es, todavía son las dos, tiene que regresar a las cuatro para poder hacer el video con Keni.

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Adelayda ríe y Sebastián la admira. A pesar de todos sus problemas, ella siempre está feliz, es alguien a quien admira por esa capacidad de sonreír. Piensa que esa capacidad para expresar felicidad debe ser de todos los chiclayanos, Alejandra es de allá y se la ve muy feliz, al igual que Adelaida y Keni. ¿Será que la gente del norte ha nacido para ser feliz?, ¿será que la gente del centro es más triste? Henry, Camila y él son tristes.

Su celular suena.

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Sebastián conversó con su hermana, todo quedó como siempre. Él seguirá teniendo la subvención de sus padres adoptivos, pero debe renunciar a toda posesión, firmará los documentos necesarios para que no pueda reclamar parte de la casa.

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Llega a su cuarto, prende su computadora y le envía a Keni la foto que tomó en el salón. Su amigo no le responde, así que va a la casa de Nella para preparar refresco. Cuando regresa, Keni le está escribiendo por Facebook.

Cholo, hay que trabajar en la noche. No podré Keni, voy a salir con Alejandra. Entonces mañana. Nada Keni, mañana voy a estar ocupado. No importa, lo hago yo solo, para la próxima fíjate bien en tus horarios. No te enojes papi. (Pone caritas tristes). No te preocupes; ve tranquilo ya estamos en contacto. Ya pes Sebastián, estamos en contacto.

Revisa su celular, lo tira en la cama.

Sebastián se desnuda y va a la ducha, está muy cansado. Alejandra no vendrá. Siente que no tiene a nadie.

Se queda en la ducha pensando, timbra el celular. Sale de la ducha, puede que sea Alejandra, seguro se arrepintió y vendrá. Se seca la mano con la toalla y coge el celular, mira y es Keni.









Thursday, March 31, 2016

Debería ser feliz

Debería ser feliz
Contigo
O sin ti
Debería ser feliz
Porque igual te he tenido

Debería ser feliz
Porque jugué contigo
Como tú conmigo
Debería ser feliz
Porque feliz fuimos.

Debería ser feliz
En este verano que muere
Y no estuvimos juntos
Debería ser feliz
Porque fue el verano que lloraste por mí.

Debería ser feliz
Porque miles te han visto
Y nadie te ha conocido
Como yo.

Pero no soy feliz
Sino no es cuando creo
Una historia
En que me dices
sí.


Acompáñame a un viaje.






Monday, March 28, 2016

El discípulo y su maestro

Cedric está emocionado porque el maestro Miqueas aceptó que él sea su discípulo. Aunque ha escuchado muchas cosas negativas del maestro, Cedric cree en que trabajar con Miqueas le servirá bastante y si algo negativo tiene es porque al maestro aún le falta mucho que recorrer, es un maestro joven.

Cedric aprende con rapidez, y aunque no le gusta el convencionalismo de la enseñanza, se somete a las disposiciones de Miqueas. Ambos se tratan sin jerarquía.

Cedric parece tan elocuente como Miqueas y pronto está dominando el lenguaje del maestro, aumentó su léxico y su raciocinio es cada vez más propio.

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Cedric es feliz, pero Miqueas no lo es. El joven discípulo se sorprende por el pesar de su maestro y conversando con un sabio éste le responde:

“Tu maestro es feliz, ¿cómo no podría serlo si es un hombre que produce, que crea constantemente?, entiende que la felicidad es acción y no unas expresiones faciales”.

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Cedric tiene una gran oportunidad que su hermano mayor le ha ofrecido.

Irás a la mejor universidad del reino, allí aprenderás la ciencia del debate, estarás con los mejores oradores, los más conspicuos políticos, solo te pido que lo aproveches para que nuestras relaciones públicas se amplíen y favorezcan el negocio de nuestro padre. No me interesa ir con ellos, yo me quedaré aquí con Miqueas, con él aprendo más. ¿Serás ingenuo Cedric?, no pierdas tu tiempo con ése hombre que éxito no ha alcanzado, solo escribe para un grupo menor y nada sobresaliente tiene. Pues te equivocas, me tiene a mí, de él aprenderé, pero mejor que él seré y mi gloria contribuirá a su gloria. No seas cabeza dura, lo que te ofrezco es algo que nadie rechazaría. Estoy bien en esta universidad y quiero mantenerme como discípulo de Miqueas.

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El tiempo está caluroso, Miqueas recibe a Tristán.

Señor Miqueas, es con usted con quien quiero hablar. Dígame Tristán. ¿Cómo conoce mi nombre? – Tristán se sorprende. Sé quién es usted y la influencia que tiene en la ciudad, un hombre de negocios. Pues que bueno que me reconoce, y sabrá de mis aciertos para la vida, le vengo a pedir que me ayude con mi hermano Cedric, es un discípulo suyo. Claro, Cedric, ¿qué hay con él? Señor, quiero que mi hermano vaya a la Concordia, es una mejor universidad. ¿Crees que el nombre de una universidad hará mejor a tu hermano? Claro que no señor, en la Concordia conocerá a verdaderos sabios – Tristán lo dice despectivamente. Si es así, Cedric aceptará, aunque no es de guiarse por los títulos y honores, él siempre estará con los mejores. Se lo he propuesto ya, y se ha negado. Entonces nada puedo hacer. Señor, usted puede hacer mucho, eche a Miqueas, no lo acepte más a su lado, si usted es un sabio como pretende que lo es, sabrá que si su discípulo llega a ser alguien importante, contribuirá en su prestigio y le vendrán más discípulos. Tristán, ¡cómo te atreves a pedirme tal cosa!, ¿tus maestros en la Concordia te han enseñado tales argucias? No, yo he aprendido que todo tiene un valor, así que le ofrezco una generosa compensación por apoyar al crecimiento profesional de mi hermano. Guárdate tu dinero, no tengo nada que ofrecerte para que me pagues nada, y aun así si aceptara echar a Cedric, él no iría a la Concordia, le conozco, él solo quiero aprender de la verdad. La verdad que no es usted, déjelo, usted solo es un mediocre maestro de este pueblo mediocre. Así es – Miqueas es orgulloso -, tiene toda la razón, soy un maestro mediocre de este pueblo mediocre, pero soy el maestro y soy a quien Cedric sigue.

Tristán se da la vuelta, monta su caballo y retira del lugar.

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Cedric y Miqueas van a la ciudad.

Ves aquella universidad, es la Concordia; es la mejor universidad, allí conocerás los más sabios filósofos, Paulo y Narsez, quiero que vayas con ellos. No quiero ir allá, quiero quedarme en el pueblo y aprender de ti por ahora, después que me sienta suficiente bueno aprenderé de otros, pero no quiero entrar a la Concordia porque sé que es un lugar donde hay mucha corrupción y que lo bueno que tienen esos Paulo y Narsez es su capacidad para engañar.

Miqueas no puede mantener más a sus discípulos, así que ha decidido despedir a Cedric.

Cedric, no soy tan bueno como tú crees, tampoco soy un sabio apenas tengo un título y el más insignificante, es mejor que vayas a la Concordia allí encontrarás otros maestros mejores que yo. No Miqueas, quiero estar contigo. Basta Cedric, además no podría darte lo que otros maestros, yo mismo necesito de uno; así que he decidido dejarte, en la entrada del mercado encontrarás a Tristán y con él irás a la Concordia o la universidad que tú quieras, no regreses al pueblo que no me encontrarás. No me dejes Miqueas, he apostado por ti. Basta Cedric, no seas terco vete.

Muy triste Cedric va al encuentro de Tristan.

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Miqueas se encuentra con Elena, tienen que comprar los enseres para el mes y seguir bregando contra la pobreza que en el pueblo gobierna.

¿Y por qué no recibiste la ayuda del hermano de Cedric? Porque no sería justo. Tampoco ha sido justo que eches a Cedric de esa manera. Sí lo ha sido, él merece una preparación formal con verdaderos maestros, en nuestra escuela se estaría echando a perder. Miqueas, no digas eso, tú siempre dices que eres el mejor y ahora sales con que un discípulo tuyo se echa a perder por estar contigo. Elena, te digo que nada bueno tengo para ofrecer a Cedric, no sé nada más que el conocimiento de los libros y la experiencia de la pobreza, qué podría darle a un hijo de ricos. Justamente eso, tu sed por el conocimiento y tu experiencia de vida.

Elena pide dos sacos de arroz y uno de azúcar, éstos los llevarán en la carreta.

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Cedric encuentra a Tristán junto al maestro Owen.

Y hablando del muchacho, aquí lo tenemos – Tristán presenta a Cedric. Encantado, conocerte Cedric, soy el maestro Owen, conmigo aprenderán la historia sobre política. Dice que usted me enseñará sobre la corrupción que impera en este reino. Jovencito, estudiaremos el arte de administrar el poder, de cómo nuestros reyes han logrado que nuestro reino sea uno de los más ricos. ¿Y uno de los más injustos con respecto a la distribución de las riquezas? – Cedric le pregunta rápidamente. Modera tus comentarios Cedric – Tristán le resondra. Parece que el muchacho ha sido influenciado de una corriente pesimista. Discúlpelo maestro, estuvo tratando con el profesor del pueblo Marcondio. Ah, el pueblo más pequeño del reino. Sí, el pueblo de donde vengo – Cedric es agresivo. Sí maestro Owen, nosotros somos de allá, pero tenemos negocios en todas partes y yo vivo aquí en la capital, en Escandilao, como así lo hará Cedric. Pues no he quedado en nada con respecto de pasar a vivir aquí, sabes muy bien que no comulgo con tus formas de administrar la fortuna de nuestro padre y tampoco quiero estudiar en la Concordia, entonces te darás cuenta que no estaré aquí. ¿Qué otra universidad es la que te interesa? – pregunta Owen. No se equivoque señor, no he dicho que me interese ninguna, volveré a mi pueblo al lado de mi maestro. ¿De qué maestro hablas Cedric? – Tristán piensa que su hermano no se atreverá a decir que admira a un maestro como Miqueas. Qué pasa Tristán, crees que no diré quién es mi mentor, pues reconozco a Miqueas como mi maestro. No hables tonterías, Miqueas te ha echado de su lado porque acordé con él un beneficio si conseguía que tú vinieras conmigo a la Concordia. Mientes. Jajaja – Owen ríe -, no seas ingenuo muchacho, ese Miqueas no es nadie, muchas necesidades pasa, su talento no le sirve ni siquiera para procurarse un hogar decente; tu hermano le ha dado una fortuna que él jamás juntaría en años. Así es Cedric, pagué cincuenta “astros”.

Cedric corre, no cree en que su maestro le haya echado por dinero.

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¿Y de dónde has sacado ese dinero? – Elena se sorprende del monto con que cuenta Miqueas. Lo he tomado de lo que estaba ahorrando para construir la sala de simulación. ¿Y por qué lo gastas entonces? Porque quiero pagar tus deudas, además no me alcanza para la construcción, más adelante lo haré. Miqueas, muchos favores te debo, no lo puedo aceptar. Claro que lo harás, sino condenarías a tus hijos, algún día podrás tu pagarme, o serán tus hijos quienes lo harán al menos cuidando un anciano solitario. No digas eso Miqueas, eres joven aún y tienes mucho que recorrer. Vamos al usurero, que será mejor hacer el pago ahora.

Van con la carreta, llegan ante el prestamista.

Cedric ve cuando Elena y Miqueas salen del lugar, había ido a empeñar sus joyas para procurarse dinero.

Buenas tardes señor. Buenas tardes jovencito. ¿Y los señores que acaban de salir? ¿Qué te interesa de ellos? ¿Quisiera saber si se han hecho un préstamo o han venido a pagar? Esa información te constará dos “astros” – moneda del reino. Con lo que me dé por este anillo de allí descontaremos. Está bien, esos señores vinieron a pagarme una cuantiosa deuda que tenía la mujer conmigo. ¿Cuánto? Eso te costará dos astros más. No hay problema. Me debía una fortuna, estamos hablando de cincuenta astros. ¿Y es ella la que pagó o fue el señor? Fue Miqueas, el maestro del pueblo más pequeño del reino. ¿Le sorprendió que pagara el maestro? Claro, Miqueas es conocido por un espíritu iracundo, pero sobre todo porque tiene bien fundados sus principios por los cuales se ha quedado en la miseria.
Cedric consiguió seis astros de los dos anillos, lamentando que su maestro le haya vendido, decide ir ante su hermano.

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Pasó un año. Miqueas en la granja les habla a los animales.

Ustedes no serán mejor tratados que los hombres, pero son dignos de vivir en mejores condiciones. Yo procuraré eso para ustedes, y nadie los matará para que sean alimento. Su tarea es que nos acompañen en esta vida y que contribuyan al bienestar del hombre con el calor y canto.

Kenneth se le acerca a Miqueas y conversan.

Maestro Kenneth, cómo así me honra con su visita. Miqueas, en la ciudad hablan sobre su sapiencia y elocuencia, te vengo a invitar a que dictes clases en mi centro de enseñanza, en la capital. Maestro Kenneth, sabe cuánto lo admiro y cómo he anhelado este pedido por años, pero ahora no podría pagarme una vida en la ciudad, he usado todos mis ahorros y he decidido seguir aquí por lo menos un par de años más. Miqueas, eres joven y en la ciudad podrías desarrollarte más, te ofrecemos lo suficiente como para que vivas cómodamente en nuestro claustro. No puedo, mi vida la he consagrado al pueblo y mis discípulos esperan. Con nosotros está su más reconocido discípulo, Cedric; él ahora enseña y cuenta con buenos seguidores, él será quien le dará al bienvenida.

Miqueas se aparta y piensa en Cedric.

Llegaste a caer en un buen lugar Cedric, bien por ti porque conociste a Kenneth; después de todo tu hermano tenía razón.

Kenneth le da palmadas al hombro a Miqueas.

Miqueas, te repito la propuesta, ven con nosotros a “El Tiempo” – nombre de la universidad. Kenneth muchas gracias, iré siempre que Cedric sea quien me dé la invitación. Entonces ahora mismo te lo pedirá, él está aquí.

Miqueas se pone nervioso, sabía que Cedric pensaba mal de él, ya que le echó y además Tristán le contó posteriormente sobre cómo había hecho que Cedric no volviera con él.

Cedric entra.

Maestro – Cedric hace una inclinación -, he esperado tanto este día para agradecerle que parte de mi éxito es suyo. Cedric perdóname, te eché de mi lado y además me aproveché de la propuesta de tu hermano. Sé cómo fueron las cosas, usted no tomó el dinero de mi familia, usted pudo pagar la deuda su servidora con el dinero que había ahorrado, y además le pidió al usurero que me contara tal cosa para alejarme irremediablemente. Y sabiendo todo eso, ¿por qué no estás enojado conmigo? Cómo podría maestro, si me guie de los libros y documentos que envió a nuestra universidad, todos terminando con su seudónimo, “el agnóstico que ora”; aprendí de sus escritos y de su sacrificio más. Estoy agradecido, mucho me enseñó de joven, y al final me dio la mayor experiencia de fidelidad, quería volver con usted, pero no podía contradecirlo. Eres tú quien me da una lección Cedric, todo este tiempo he pensado que estabas enojado conmigo porque no te ayudé como así lo habíamos acordado, mi miedo a no poder darte mayor conocimiento y experiencia hizo que decidiera alejarte de mí, sin embargo tú me has sido fiel, no me negaste y hoy vienes a mí con una nueva oportunidad. Como le dije maestro, mi gloria contribuirá a su gloria y viceversa, por usted más grande seré.




Saturday, March 26, 2016

Quiera de ti Alejandra

Quisiera que algún día tus ojos brillosos ya no se pongan así tan solo para decirme que no, como cuando te amargas porque te toco; quiera que esa luz de tus ojos – que solo yo veo – se pongan así de felicidad porque compartes conmigo.

Quisiera besar tus labios que me provocan cada día más, sobre todo los de la comisura de tus protuberantes labios inferiores que sueño apretar con los míos para probar el saladito de esa parte de tu piel.

Quisiera no más esperar en balde que me acaricies como antes. Que me toques tenuemente aunque sea de pura compasión, que me roces en los oídos, que me hagas cosquillas y renegar por lo viejo que estoy.

Quisiera no insistir más en el choque de las estrellas para que un día duermas conmigo, que no quiero poseerte en cuerpo más que en alma, que acostados en mi cama se haga la luz de un nuevo día. Quisiera que una coincidencia, de sueño y cansancio te haga preguntarme ingenuamente… ¿me puedo quedar a dormir?

Quisiera que de ti salga la idea de ir a la montaña, porque ya no te lo pediré; que estando allá solo miraremos la naturaleza que de mis orígenes te he contado y conocerás dónde reposaré mi eternidad.

Quisiera que me ames como yo te amo, sin ningún convencionalismo, ningún romanticismo, sin ningún alarde de nada, todo blanco entre tú y yo, como te gustó decirlo, tú y yo.




Friday, March 25, 2016

Peregrinación



Viaje que no hago
Viaje que tú haces
Para yo
Llegar a la madurez.

El bien concreto
Placer de una tarde
De una noche
Que no estás conmigo.

Te escucho
Qué te salió mal
Porque soy yo
Quien te acompaña.

Que no hay virgen
Ni lugar sagrado
Que tu motivación
Nada santa es.

No es un dios personal
No es omnipresente
Ni omnisapiente
Pero te recordará
Al agnóstico
Que ora por ti.

Peregrinación en sueños
A lugar blanco
Que no me vez
En donde yo te amo.

Desplazamiento descalzo
Por peligrosas cuadras
Hacia tu casa
Morena santa.

Que no nos encontramos
Porque yo no viajo
Y tú te marchas
Porque yo sueño contigo
Y tú te engañas.






Tuesday, March 22, 2016

La historia

Todo comenzó cuando reinicié el primer ciclo en la universidad, ese gran día conocí a Sebastián.

Me levanté temprano, aunque soy dormilona, me esforcé por el recuerdo de Javier, me puse de negro porque de luto estaba recordándole, hice las cosas como no estaba acostumbrada, me despedí de mi madre, tomé el colectivo.

Llegué tarde, pero el profesor me hizo pasar; al entrar vi a Sebastián. Me di cuenta del desprecio que me tuvo. Ahora que lo pienso, es fácil entender por qué me miró así; más de diez años de diferencia, una chica flaca con trapos lúgubres, descuidada; igual le miré y me reí como diciéndole, a mí qué me importas.

Durante la clase, Sebastián participaba tanto que me molestaba ya escucharlo. Aunque lo hacía con mucho criterio, la cosa era que me pareció como que aburrido, la clase era una conversación entre él y el profesor.

Cuando salí del salón, le vi acercándose al docente para pedirle permiso para salir más temprano porque tenía que ir a su trabajo. Recién pude darme cuenta de que no era tan joven y también que era profesor. ¿De qué curso? Seguro de matemática, por eso podía hacer los ejercicios con facilidad; pero no, era profesor de Historia, él siempre lo dice completito, de Historia, Geografía y Economía.

No le hice mucho caso, pero era imposible no saber que estaba en el aula, siempre interviniendo, con mucho acierto eso sí. Le comencé admirar, poco a poco me pareció como un sabio, y aunque en mi grupo todos hablaban de lo presumido que era, de lo patero con el profesor  – cosa que era mentira porque él era el único que le cuestionaba y el profesor ya le había hecho entender que no le gustaba su insistencia -, todos pensaban que Sebastián se creía la gran cosa, pero a él como si nada, como si el aula fuera él, el profesor y los conocimientos que éste le pude dar.

Javier había sido mi vida, la vida que me hacía volar junto a las estrellas, mirar a la luna de igual a igual, yo más viva que el mismo sol. Javier, siendo más joven que Sebastián, le veo más grande, poderoso, más real que mi treintañero amigo. Pero ese maduro profesor – que la verdad no es tan maduro – me comenzó a enamorar.

Coincidimos en la biblioteca nacional; dicen por allí que hay ratas de bibliotecas, Sebastián – que no es muy alto – literalmente parecería una rata de biblioteca, estaba de estante en estante revisando los libros. Sé que no lee tanto como se cree, pero lo poco que lee concluye muy bien, infiere y eso me enamoraba. Le miraba, me volteaba para que no me diga nada, pero se me acercó.

Hola, ¿qué buscas? – no me parecía ser tan mayor. Lo de la tarea de Contabilidad pues. Ya, tengo aquí copias que hablan de la historia de la contabilidad, si gustas les sacas copia. Gracias, pero yo ya elegí los libros que voy a utilizar para mi ensayo, es más aquí tengo mi ensayo. ¿Lo puedo revisar? Ah – moví la cabeza tontamente y le di mis hojas – sí. Pero esto está mal – cerré mis labios y sonreí como cuando cometo algo malo y solo sonrío para que mi papá no me diga más cosas – pero ni siquiera has hecho la introducción. Esa es mi introducción. Mira, para la introducción puedes comenzar con una anécdota, un pasaje de la historia o una cita, así no Alejandra – y dijo mi nombre y se detuvo el tiempo.

*********
Recuerdo lo fea que se había puesto, desordenada, recuerdo que justamente una semana antes había comenzado a dictar clases y comencé a renegar con mis estudiantes – tanto varones como mujeres – por lo desarreglados que estaban, no es que sea obsesivo con el tema, pero los adolescentes son así de, no me importa lo que el resto piense. Además, la impresión que me dio todo su salón era bueno, pero de pronto llega una chica así, flaca, con el cabello suelto revoloteado, de negro como Morticia, la miré como diciendo: y ésta de dónde ha venido; noté que me miró como respondiéndome: qué te importa.

Coincidimos en la biblioteca y me dio pena ver su trabajo, eso obviamente no podía ser un trabajo. Claro, los docentes en la universidad califican generosamente, pero ese ensayo estaba fatal, ella ni siquiera había fichado ni nada. Le quise ayudar, pero la muy orgullosita me dijo que no.

No me interesaba, no la quería, no la deseaba; si le hablé fue de pura pena que me daba que tan joven se estaba estropeando. 




Monday, March 21, 2016

PRINCESA DE CIUDAD POBRE



Muñequita de color canela
De labios grandes
De mirada ingenua
Con pestañas risadas
Y ojos de caramelo
Que me mira
Y yo miro
Tras un cristal.

Muñeca
Que se traslada en ruedas
Que no camina
Para con la plebe
No rozar
Y no por soberbia
Sino porque miedo tiene
A no saber actuar.


Princesita de herencia incierta
Que si hereda casa
En la capital
U otra ciudad calurosa
No alcanza
Para tener hijos
Como los tantos que desea
Que miedo tiene traerlos
A este mundo
Que de nobles no es.

Princesa que escribe
Pero no para mí
Que dice
Tú y yo
Y en oposición
Me deja
En un lugar que no se ve.