Tuesday, February 23, 2016

Prenda

Por qué si me dejas
Aquí estoy contigo
Por qué si ya te fuiste
Tu olor percibo.

Por qué no hay silencio
Si te llevaste
La colección de tu música
Que triste me pone.

Por qué si ya  no estás
Y no te puedo tocar
Presión de un cóncavo
Siento en mi mano.

Cuándo serás mía
Y en mi lecho
Estarás como ahora está
Una prenda tuya.

Por cuánto tiempo
Resistiré
El dolor de tenerte
Para despedirte.






Monday, February 22, 2016

El cuadradito de Alejandra

Ahora para ti soy un cuadradito
Un cuadradito
Del que te indignabas
En que alguien podría
Dejar a su benefactor.

Ahora para ti soy ese cuadradito
Al cual te diriges
Para tus responsabilidades
O ambiciones
Como la musa que me mintió.

Ahora soy un cuadradito
Si no de tus mentiras
Sí de tus deseos
Donde no importan los míos.

Un pequeño espacio
Donde no puedo tocar
Nada que sea de cristal
Que por tu desprecio
Se rompe.

Un corto tiempo
Que no me alcanza
Para sentir tu aliento
Para disfrutar tu olor
Para estar contigo.

Que se hace chico
Que es corto
Que se acaba
En cualquier momento.

Ahora para ti soy un cuadradito
Donde el amor
Está prohibido
Para mí.










Sunday, February 21, 2016

Sexo coprolálico

Sebastián mira su celular, Alejandra no le llama, se siente triste a pesar que la conversación de sus amigos está muy animada.

Tatiana, ¿qué vas a pedir? Yo un mixto y mi leche de tigre. Jajajaja, ella es bien lechera, por eso andaba con el blancón – bromea Juan Carlos. Jajajaja, claro, ¿recuerdas el padre de familia de la moto? – Olga recuerda uno de los pretendientes de Tatiana. ¿De quién están hablando? – Sebastián no está enterado del asunto. Ay, pero era cuando tú no estabas pues, ya te habías ido; Tatiana estaba saliendo con el padre de la Buleje. Mira, qué escondidito lo tenías – Sebastián trata de animarse con la conversación, pero sigue pensando en Alejandra. Sí, hasta un día el señor Buleje nos invitó a su casa a tomar un par de chelas – comenta Juan Carlos -; oe Sebastián, tú serás de la AFP. ¿Por qué? – Olga pregunta rápidamente. Porque será un asociado que le falta pelo. Jajajaja – Tatiana ríe. Sí, ya sé, se me está cayendo el cabello; pero ya no me importa, ya lo superé. Jajajaja – todos ríen.

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Mierda - Sebastián la coge por atrás - conchatumare, conchatuvida, ¿dime quién es mi mujer? Yo, yo soy tu mujer, yo soy tu mujer – responde Alejandra. Mierda – Sebastián está muy excitado –, joder – recuerda su repertorio español -, putamare, qué rico, ¿quién es tu marido? Tú, tú eres mi marido, sigue viejito, sigue – a Alejandra le duele, pero le excita las palabras de Sebastián. ¡Ah!, ¡ah! – Sebastián está muy excitado - ¡ay! – Sebastián se golpea la cabeza con el ropero. ¿Qué te pasó viejito? ¡Ay!, me duele - se baja de Alejandra y se pone en el piso para lamentar el dolor de cabeza -, me duele Ale, me he golpeado la cabeza.

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Oe a ti sí que se te va el tren Sebastián, ¿ya cuántos años tienes? 32. Asu, yo pensé que Juan Carlos era tu mayor, ¿tú cuántos tienes Juan? – pregunta Olga. Yo 28, ¿y tú? Yo tengo 48. Ya estás vieja Olga. Se dice antigua – corrige Sebastián. ¿Y cuántos años tienes Tatiana? – pregunta Juan Carlos. Yo 36. Ya pues, creo que debo cambiarme de lugar – Olga propone para hacerles la buena a Sebastián y Tatiana. Sería un honor estar con mi amiga, pero yo ahora mismo estoy enamorado. ¿Y quién es la desgraciada? – pregunta Tatiana. ¿Entonces estás saliendo? – pregunta Olga. No, solo estoy enamorado, pero no me corresponde – Sebastián hace notar su pesar -, pero ya me estoy acostumbrando a estar solo y la idea de no tenerla. Pero cuál es el problema, tú tienes que ser detallista, mostrarte cariñoso, además tú eres un chico inteligente, te ves atractivo y tienes una profesión y además te gusta estudiar y trabajar. Es que ella está comprometida. Ay amigo, mientras no esté casada nada está dicho, igual tú puedes hacer el intento. No puedo, sé que es feliz. Tú cómo sabes, a veces una mujer está con un hombre por costumbre – Olga lo anima -, míralo a César que allí estuvo afanado y ahora está bien casado. Sí, pero Alejandra no me quiere y menos me va amar.

Sebastián se va al baño, se limpia la nariz y se moja la cara; se mira en el espejo y se pregunta por qué Alejandra no le podría amar.

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Sebastián reflexiona, se da cuenta que la única vez que ha sido grosero es con Alejandra, claro solo cuando está haciendo el amor es que le da ese ataque coprolálico.

Perdona Ale. ¿Por qué viejito? Es que no sé qué me pasó, cuando hacíamos el amor te dije muchas groserías, solo me pasa cuando estoy excitado. Ay viejito, no te preocupes, yo ni cuenta. Gracias morena bella.

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Llega a su habitación, se sirve el marcuyá que hizo para Alejandra, le timbra al celular, pero no responde; vuelve a timbrar y el celular está apagado. Piensa que debe estar con Víctor, que deben estar haciendo el amor, se pone celoso, vuelve a timbrar, pero el celular está apagado. Sufre, sufre mucho y decide salir de su cuarto y caminar por la Chimú para acompañarse de toda esa gente que siempre está allí y ya le parece familiar.

Elena le acompaña.

¿Por qué estás así? Porque ella se me va cada vez más. Pero así tiene que ser. Pero no lo soporto Elena, no lo soporto, ella es mi centro ahora; lo lucho, me concentro en mis estudios, tareas, voy a ver a mis amigos y familiares, pero ya no lo soporto. Lo mismo era cuando estabas con Elizabeth. No, no es lo mismo, Alejandra es buena, ella no me miente, ella me respeta y siempre ha sido clara conmigo.

Elena cruza la avenida, está molesta. Sebastián la sigue.

Espera, no quiero que te molestes. Me molesta que sufras tanto, quisiera poder hacer algo y no puedo. Haces mucho acompañándome ahora – Sebastián recuerda cuando le acompañaba a Alejandra en su pesar.

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Alejandra, ¿me quieres? Claro viejito, sino no estaría aquí. ¿Me amas? No – sonríe, hace una mueca que le hace sonreír a Sebastián -, ay no sé, no me preguntes eso Sebastián. Yo también te quiero.

¿Llorarás cuando muera? Claro viejito. Por favor, cuando muera tienes que llorar, para que la gente piense que fui muy querido. 



Saturday, February 20, 2016

Sobre el amor

Es un gusto compartir contigo estas palabras sobre el amor, es un tema que no lo habíamos conceptualizado pero sí lo hemos experimentado en la tanta o poca existencia que tenemos.

Me pregunto unas cuantas cosas sobre este fenómeno del psiquismo humano que definitivamente no solo se explica a través de tecnicismos de alguna ciencia, si no que de todo se vale.

La primera pregunta sería si el amor y el odio se parecen y no son oponibles del todo.

Recordarás que un día me pediste que lo definiera así. Y me convenciste que el amor y el odio son muy parecidos, hasta familiares. Tienes toda la razón en mucho se parecen y por eso no son del todo oponibles(1): Primero porque ambos tiene un centro; segundo, porque es un ir y venir hacia ese centro que es una persona; tercero porque es continuo, es fluido. ¿En qué se diferencian?, tan solo en una cosa, en que por amor quiero que te pasen cosas bonitas, quiero hacerte sentir bien; y por odio, quiero que te alejes de mi vida, que te mueras porque me hace sufrir saberte de otro.

Te amo, y quiero tu bien; pero cuando te alejas de mí, te odio y siento rabia y quiero echarlo todo a perder, quiero abandonarte y abandonarme. Y como no  me amas, prefiero que me odies, pero lo peor de ti, es que te es fácil ser indiferente.

Tenerte aquí es un acto de mucho gesto, sé que estás con alguien, y que por simpatía un poco de tu tiempo me das. Pero no te das cuenta el mucho daño que me haces.

Yo te amo, pero no me correspondes. Otra vez he cometido ese error. Sí, es un error por cuanto he creado una ilusión, una visión que proyecta algo que no existe. Esta fantasmagoría, que espero algún día termine, me hace creerte la mujer más bella, buena, inteligente, perfecta. Y en realidad, incluso en esta metacognición, creo aun así que si eres lo perfecta que mi mente ha creado. Porque das caridad como una santa; que aunque no te esmeras en tu cuidado, es porque eres humilde y natural; cuando te enojas, qué hermosa eres; cuando lloras, creo que tu llanto es bonito y que contigo llora el mundo y el día se hace triste; pero eso no existe más que en mi mente. Es un fraude. 


(1) Estas características son tomadas - no literalmente - de Pfánder, expuestas en "Estudios sobre el amor" de Ortega y Gasset. 


Friday, February 19, 2016

Nada pasará

Díselo tú a Alejandra
Dile que me deje en paz
Que ya no se compadezca
De mí.

Díselo tú
Que bien la conoces
Que sabes de sus pretensiones
De niña que lo tiene todo.

Díselo tú
Que me conoces
Que te he contado mis debilidades
Para que nada admires de mí.

Díselo tú
Que sabes bien
Que nunca
Entre ella y yo

Nada pasará.



Tuesday, February 16, 2016

No es el final

Me abandonaste, aunque lo piense, nunca lo haré.
Un día ya no estaremos juntos, y te juro que nadie más entrará en mi vida. Recuérdalo, tú eres mi última oportunidad, y al final, aunque me veas feliz, me tendré que ir, porque solo soy feliz cuando estoy contigo y después de que te vas todo es miseria.

Te agradezco los bonitos gestos, tus bonitos comportamientos que me enseñas, que tu piel al menos roce con la mía.

Te agradezco por el intercambio de lo que usas y uso, señal que me amas, aunque sea poquito.

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Sebastián va con la bicicleta por la Brasil, piensa que seguro Alejandra estará pasándola muy bien al lado de Víctor y su familia. Él no tiene a nadie. Llega al final de la avenida, sigue hasta Miraflores,.

Encadena su bicicleta a un poste. y baja a la playa.


Se quita el polo y remanga su pantalón para sentir el agua. Se sienta en la orilla y deja que el agua le bañe de cuando en cuando que vienen las olas. Llora y da cuenta que sus saladas lágrimas se van con el mar.

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Para qué me comprometí contigo Alejandra, para vivir este martirio. Por eso te juro que un día me voy a ir, y me vas a extrañar. 



Saturday, February 13, 2016

El corazón le ganó a la razón

Está cansado, es su último día de clases en el instituto Riva Agüero, quedó con unos compañeros visitar algunos museos, quería pedirle a Alejandra que le acompañe, pero últimamente ella está más concentrada en sus cosas y además no le gusta caminar.

Prende la computadora, ve que ya cargó el video, lo circula en diferentes páginas y recomienda a sus amigos a que lo vean. Pone música a alto volumen, esa francesa que no sabe el título. Se desnuda y mete a la ducha. Recuerda el cuerpo de Alejandra.

Sale, escribe a Alejandra.

Ale, nos vemos a las seis como quedamos, todo estará preparado.

Revisa las actualizaciones. Se viste. Se estresa pensando que hace mucho esfuerzo para obtener nada.

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Qué les parece si el día viernes nos despedimos con un almuerzo y vamos al museo después de la salida – Rebeca propone. Por mí de acuerdo, qué dicen muchachos – Laura sonríe a Santiago. Yo normal, ¿tú puedes? – Santiago pregunta a Sebastián. No, tengo que volver a casa, estoy trabajando.

Sebastián se pone triste que este año no pudo interactuar con sus compañeros porque tenía que salir rápido para ver a Alejandra.

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Señora Hilda, le llamo para decirle que el viernes no podré dictar clases, voy a tener una reunión en la noche. Está bien profesor, no se preocupe; pero el sábado ¿puede venir? Sería en la mañana. Ya, voy a ver si Marianita no tiene nada que hacer, le llamo luego. Está bien.

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Papá no podré ayudarte, el viernes estoy ocupado, ya bajo el sábado. No te preocupes Sebastián – el Sr. Rivas nunca molesta a Sebastián.

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Sale, toma un jugo de naranja en la esquina. Compra pan con camote en la otra esquina. Toma el carro en Malecón.

Llegó tarde como siempre, escucha a la profesora que habla sobre la participación política de la mujer en la primera mitad del siglo XX, intervine con preguntas incisivas a la profesora, logrando que algunas de sus compañeras le discutan su postura.

La participación de la mujer no representó ningún movimiento para alcanzar sus derechos, estas mujeres a quienes estudiamos son casos aislados; el voto femenino solo se alcanzó porque era parte de aires de modernidad que venían de Europa – participa Sebastián. Pero debemos tener en claro que la lucha para alcanzar ese derecho en Europa y Estados Unidos fue de mujeres – Responde la más hermosa, y probablemente la más inteligente, de las chicas de la clase. Sí, pero yo me estoy refiriendo al Perú, estamos estudiando la participación política del Perú.

Finalizado la ponencia, el director junto con la historiadora Margarita Guerra – Sebastián se emociona al ver a la maestra – clausuran el evento.

Se toman una fotografía. Los colegas conversan en grupo, están preparando su salida; Sebastián quedó en verse en la noche con Alejandra así que podría participar con los profesores, pero quiere ir a su cuarto para acomodarlo, quiere comprar frutas para ofrecérselo a Alejandra, tomar un baño y leer algo sobre el amor, esperándola. Se despide de los colegas con quien más interactuó.

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Llega a su cuarto, no almuerza, no tiene apetito.

Acomoda sus libros, limpia el frigobar, lava las vajillas y trapea el piso. Piensa que puede que algo haga que Alejandra no llegue. Tiene miedo a esa posibilidad, se ha puesto fuerte, está calmado, en todos estos días se ha visto más sobrio para no enloquecer a causa de no tenerla como antes, pero sus fuerzas le van abandonando, su estabilidad se carcome con el paso del tiempo y los poquitos gestos de ella que ya no le alcanzan. Sufre, porque si esto es en vacaciones, será peor cuando comience a trabajar, cuando su tiempo para esperarla y estar pendiente se reduzca por sus quehaceres.

Se sirve yogurt, toma mirándose al espejo. Coge una almohada, se desnuda y acuesta en el suelo – hace calor -, abraza la almohada ligeramente como si fuera su acompañante y le habla.

Te amo – le da un beso suave  a Alejandra. Yo también te amo Sebastián. Tengo miedo que algún día me dejes – Sebastián mira el techo. Eso no va pasar nunca – Alejandra se acuesta en su pecho y Sebastián le coge de la cintura con delicadeza. Te amo, te amo, te amo mucho – Sebastián le da muchos besos y se coloca sobre ella. Viejito – Alejandra sonríe como nadie sabe hacer. Dime que soy tu marido – Sebastián siente las piernas de Alejandra junto con las suyas, las acaricia, busca sus pies para olerlos, se fascina de la perfección de la anatomía de su acompañante. Tú eres mi marido – Alejandra se deja poseer.

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Sebastián se baña, la música francesa le da el aire triste a su habitación.

¿Qué estás haciendo Alejandra? Busco pinzas. ¿Lo encontraste? No. Mira, está en el escritorio, en donde pongo mis lapiceros al costado hay un cesto, ¿lo viste? – A Sebastián le gusta que Alejandra tenga la familiaridad y que use sus cosas como si fueran las de ella. Sí viejito.

Sebastián sale con la toalla, se acerca a Alejandra para ver cómo se depila las cejas, le huele el cuello y se siente feliz porque ella tiene su olor.

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Las horas pasan, Sebastián está desnudo, sentado en su habitación. Tiene en su silla los pantalones azules, las medias oscuras y la camisa blanca; pero pasa el tiempo y Alejandra no ha llamado ni ha escrito. No dice nada, seguro no vendrá. Son las seis y ella no llama. Él quisiera llamar, pero no puede hacerlo porque teme interrumpirla en un momento que debe atender a su madre o padre.

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Son las siete, Sebastián sigue en sentado en su cama, con la pesadez de saber que ella no llegará, que todo lo que descarta ella no lo valorará; que así como hoy no llega, un día se irá y no volverá nunca más.

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Son las nueve, Alejandra se pone al Facebook e invita cam.

Hola Sebastián, me puedes pasar el Excel que estaba trabajando en la casa – a ella no le importó nada su cita. Está bien, ¿por qué no viniste? Sebastián, ¿crees que está bien si llevo los libros a Karol? – Alejandra ya no quiere contarle sus cosas. Bueno, tienes que hacer lo que han convenido, si ella se aprovecha es su asunto. Ay, no sé qué hacer. ¿Por qué no viniste? Ay Sebastián – no le llama como le gusta -, voy a ir a comer, ya luego te escribo. Ok.

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Sebastián quisiera mandar todo a la mierda.