Monday, November 17, 2014

LOS ROMANOS

En el Senado, el Cónsul se pone de pie y los romanos lo pifian. Toma la palabra e inicia discusión con el segundo romano más influyente.

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No saben que los romanos eran los ciudadanos más civilizados de su contemporaneidad.

¿Y eran traidores?

Jamás, la traición era castigada con el destierro - muerte política - o la misma muerte física.

Entonces tú no eres merecedor de llamarte romano.

¿En qué medida te he traicionado?

No de forma oral, pero si con tu gesto, al dejar la “Constitutio” en el suelo, a manera de cualquier cobarde. Por eso el Senado ha decidido desterrarte.

Soy Primus inter pares, si mi objetivo era dejar Roma; hubiese destruido todo vestigio de mi permanencia; hubiese destruido la “Constitutio”, no dejarla en el suelo del Capitolio.

Roma está destinada a ser un imperio, pero no de traidores.

Roma se fundó con sangre del hermano que traicionó. Así siempre ha sido la historia de Roma y no tiene por qué cambiar en un círculo que lo remeda. Nuestra Roma se fundó con la traición de un hombre vil, sujeto a quien le hemos dado la oportunidad para ser parte de nuestra historia. Porque teníamos ya una ley antes que existiera nuestro círculo. Nuestra ley es la de la hermandad. Y por eso se le eliminó tras su afrenta de no someterse al Senado.

El Senado desconfía de ti.

Así mismo a Roma siempre se le ha caracterizado porque su líder ha dejado de serlo tras su muerte. Entiendo que no están conformes conmigo. Roma tiene un líder y solo lo podrán sacar de su status con su muerte. Es el Senado quien puede eliminarme, frente a él soy un romano más.

Si dices que no nos has traicionado, ¿por qué dejaste la “Constitutio”?

Porque con ese gesto les digo que es momento que decidamos qué hacer con Roma. Yo he decidido estar en pie con Roma, ¿qué decide el Senado?

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El más joven de los senadores propone:

Creo que debemos incendiar Roma y acribillar al cónsul... o imponer orden en nuestra ciudad. 

Sunday, November 16, 2014

El rey mendigo

Echado en mi cama, pensando en ti.
La princesa Elizabeth no quiere casarse. Ha sido llevada a la corte para contraer nupcias con el rey. El rey la trata con la calidad merecedora de la nobleza de sangre y espíritu de la princesa, pero ella no lo ama y piensa que nunca lo amará.

El rey como mendigo le ruega por su amor, a ella no le interesa.

El rey se enfurece, no soporta la negativa de la princesa y decide expulsarla de la corte para olvidar su rechazo; pero su amor por ella le reprime tal ignominioso trato.

La princesa ama al conde Alberto, y se entrega a él. Ella no quería verse deshonrada por tal desliz y por eso le pide al conde que se case con ella, a lo que él lo rechaza.

En palacio se corre el rumor que la princesa está embarazada, y que el hijo será del rey. El rey se entrevista con ella.

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Su majestad, mi presencia le ha de ser aborrecible.

Jamás princesa Elizabeth, me ha dolido vuestras mentiras, vuestro desprecio, pero jamás me has sido aborrecible.

Su majestad, he sido deshonrada por un infame conde, estoy embarazada, usted puede decidir mi suerte.

Me has enseñado que no puedo decidir por ti, eres fuerte princesa, y defenderás tu libertad; tu suerte depende única y exclusivamente de ti; yo te amo, pero eres tú quien debe elegir: Ser la reina de este castillo o regresar a tu provincia y disfrutar de las atenciones de lo que te procure la riqueza de tus nobles padres.

Su majestad, es usted verdaderamente el hombre más generoso; me ofrece la corona a pesar de lo mal que me he comportado. Este castillo es mi destino y será el de mis hijos, yo decido ser la reina.

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El rey proclamó que la princesa había sido su mujer y que en su vientre se desarrollaba el Delfín del reino.

Así contrajeron nupcias, el castillo se cubrió de cristales para la ocasión; la princesa vestía seda traída de los reinos del Oriente, llevaba piedras preciosas de las posesiones del Caribe, su belleza y simpatía de niña era lo que más la realzaba. Los adictos a ella decían, la princesa se lo merece, quién puede negársele a tan dulce criatura.

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El rey embriagado, después de las celebraciones, lleva a la reina a su lecho; quiere hacer el amor, pero ella no lo acepta, él la fuerza, arranca el vestido y la posee.

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Su majestad – se dirige el conde Julián -, es mi deber decir lo que se dice acerca del vástago a quien usted ha declarado como nuestro Delfín; se dice que es hijo del conde Alberto.

He escuchado tales cosas, y ante la duda del pueblo no puedo más que actuar. El conde Alberto ha de viajar a los Alpes y allí tendrá que contraer matrimonio; te delego tal tarea.

¿Y en cuanto a la criatura que lleva la reina, Majestad?

Siendo que ha sido declarado Delfín, solo se le podrá quitar tal título con su muerte. Yo me encargaré.

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De noche, el rey se acerca a la reina que está descansando en su cama, saca un cuchillo y le abre el vientre; los gritos atroces de la reina no se escuchan. El rey saca al feto, lo levanta vivo y aplasta su cabeza.

Dos comadronas entran y le reclaman a la reina por lo que presuntamente ha hecho. La atienden y se acercan al rey para darle la noticia que el Delfín a muerto. El rey llora.

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La reina aún convaleciente, debe atender al rey. El rey se le hecha y la posee.

¿Es este cuento realidad?
Real mi reina.

¿Acaso este castillo no está en el aire?
No pienses que estás soñando.

Afuera todos sonríen, el reino es uno de los más pacíficos y prósperos, qué hace que en el núcleo de este castillo se cometa tal atrocidad contra la reina.

Eres la reina, tú elegiste. Pudiste elegir al mendigo, pero elegiste al conde y el conde te deshonró. Pudiste volver a tu castillo provincial, pero elegiste el castillo central, y en ese catillo está el rey.

El rey era un monstruo.

Moraleja: Elige al rey mendigo y no al rey generoso.


Este cuento está dedicado a Elizabeth. (16/11/2014).

Saturday, November 15, 2014

Los cuadraditos de tus mentiras

Los cuadraditos de tus mentiras,
Cuando supuestamente no estabas,
Y pasaban días sin saber de ti.
Fechas antiguas que podía leer,
En una supuesta contemporaneidad.

Los cuadraditos de tus mentiras
Cuando hablabas quedito,
Y ahora que hablas sin menor gesto,
También son mentiras.

Es que son dulces,
como los que me prometiste
Que no llegan,
Que entristecen,
Los cuadraditos de tus mentiras.



Friday, November 14, 2014

Bonitos gestos

Qué bonito reloj. Gracias, me lo compré ayer, para hacer juego con mi vestido, ¿te gusta? No te digo que está bonito, pensé que era algún regalo de tu enamorado – Alexandra piensa que Mario nunca le regaló nada.

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Señor, ¿cuánto me cobra hasta la seis de Horizonte? – el taxista reconoce a la señorita que le ha parado, fue su estudiante hace cinco años atrás. Ocho soles – Alexandra acepta, porque normalmente le cobran diez soles.  

¿Y usted siempre trabaja de noche? Sí, en las mañanas trabajo como profesor y por las tardes preparo mis cosas para el día siguiente, ya de noche me pongo a taxear. Wow, ¿usted es profesor?, ¿de qué colegio? Ahora enseño en un colegio nacional, aquí por las Flores. ¿Es soltero? No, soy casado, tengo una hija. ¿Y está enamorado de su esposa? Es usted muy curiosa señorita, pero sí, la amo, aunque creo las cosas están cambiando a raíz que compré este auto, ahora me dedico más al trabajo para poder pagar un crédito que sacamos hace poco para el techado de nuestra casa.

Suena el celular del taxista.

No va contestar. Es mi madre, yo vivo cerca de aquí, ya me voy a mi casa porque hoy es el cumpleaños de mi señora. Entonces está de fiesta, ¿y qué le va regalar? No podré regalarle nada, estamos juntando para nuestra letra, ella comprende. Por favor, tome este reloj – Alexandra le da el reloj al taxista -, me lo compré ayer, solo hoy lo he usado, es usted un buen hombre y seguro que su esposa es una buena mujer. No puedo aceptarlo. Acéptelo – el taxista coge el reloj.

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Elizabeth corta la comunicación, era su madre que le pedía que le envíe sus medicamentos. No se puedo matricular en el instituto porque no le alcanzó el dinero.  

Al salir de su trabajo, camina por Sucre y encuentra un niño llorando, lleva los mocos colgados, está sentado en una esquina y tiene en la mano derecha una cajita de frunas. Pero llama su atención que frente a él hay un billete de cincuenta nuevos soles, entonces se sorprende por la situación, se puede estar en tan mala circunstancia que ni siquiera se ve lo bueno que se tiene delante. Ella pudiera llevarse el dinero, pero no lo piensa y se lo da al niño.

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Elizabeth se encuentra con Flor y le cuenta de su desprendimiento. Su amiga le increpa lo tonta que ha sido.

Thursday, November 13, 2014

El Coloso Solitario

Hola Alexandra – Antonio la saluda sin beso. Antonio un momentito por favor, ayer te vi que estabas discutiendo con una chica bien alta, ¿ella es la tal Elizabeth? No, es una compañera de mi salón, su nombre es Carla, y sí, discutíamos porque le fallé con un trabajo pero aclaramos – Antonio cree que no debería darle explicaciones, pero igual lo hace.

Alexandra se escusa.

Ah, solo me entró curiosidad de saber si ella era la famosa Elizabeth, ya me voy, tengo clases aquí; a ver si nos vemos el miércoles que no hay clases. No puedo, he quedado para salir con un amigo. No será con una amiga. No, es con un amigo – ahora piensa que hizo bien darle explicaciones sobre Carla y Elizabeth, es mejor ser honesto -, él tiene problemas y vamos a conversar, quizás tomemos un par de cervezas. Y no tendrás tiempo en la mañana. En la mañana dicto clases. Ya, pero entonces no me vas a llamar. No Alexandra, no te voy a llamar, y no me hagas prometerte algo que no quiero.

Alexandra se voltea y camina rumbo a su aula. Antonio sale de la universidad y llama a su amigo para recordarle que es un hecho que mañana se verán.

***** 
Elena escribe en el chat:
Mariooooooooooo.

Mario responde:
Elenaaaaaaaaaa.

Timbra el celular de Mario.


Hola. Hola Mario soy yo, he cambiado de teléfono. Hola Elena, qué ha sido de tu vida mujer. Como siempre trabajando y cuidando a los niños; te llamé porque ayer te soñé. Sabes que te quiero cada vez que me dices eso – Mario y Elena siempre se sueñan cada vez que algo malo le pasa a uno de ellos -, entonces piensas que algo malo me está pasando o que no la estoy pasando muy bien por mi lado. Sí, por eso mismo quería saber cómo estabas. Pues, estaba tranquilo hasta hace un par de semanas, pero el recuerdo de Elizabeth me quita todo optimismo. Mario, lo mejor que hizo Elizabeth es irse, más bien creo que la juzgué mal, después de todo ella hizo lo correcto – Mario piensa en que Elena se está gastando mucho saldo en esta llamada. Sé que tienes razón, después de todo lo que me dijiste era cierto. ¿Qué te dije? Que al final tú te quedarías conmigo. Jajajaja, pero eso fue una broma; al final te vas a quedar solo, a caso no eres el Coloso Solitario. Jajajaja..., tienes razón.

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Adelaida escribe en el chat:
No entiendo por qué tanto la esperas, no le importó todo lo que hiciste, no le bastó el tiempo y recurso que gastaste, no le mereció que le dedicaras noches y madrugadas de poemas. 
  
Sebastián responde:
Pero leyó los poemas, aunque ya no me da palmaditas, ni me llama con el mismo afecto, ella leyó mis poemas.


Wednesday, November 12, 2014

Crisis de espíritu




Los celos infantiles emergen del miedo,
De la pérdida de los bienes
que no poseo de ti.
De no poder oler tu perfume,
De no poder tocarte,
De no poder besarte.


***

Al notar tu ausencia,
Se apaga la luz.
Al desaparecer tu imagen,
Sensación fulminante
de quedarme solo.



Tuesday, November 11, 2014

Incógnita X

Antonio entra a su habitación, tiembla. Lo hizo, lo hizo y no sabe cómo es que se atrevió, tiemblan sus piernas y manos. Se quita la ropa, y echa en el piso y pareciera que tuviera un ataque de epilepsia, pero no, solo tiembla, es miedo.

Mira el techo, no prendió la luz por lo que el cuarto está a oscuras, con sus ropas tiradas. Sonríe, recordando a Elizabeth, sonríe recordando a Elena, sonríe porque tiene miedo y la angustia le provoca esa mueca.

Siente más frío, quisiera ponerse en la cama, pero está paralizado; piensa que se debe levantar para estar mejor, pero no lo hace. Piensa, piensa, piensa en lo que hizo.

****
¿Estás loco?, ¿estás loco Antonio? No, no estoy loco. Pero lo que hiciste fue muy arriesgado. Ahora no crees que soy predecible – Elena queda estática.

Es la incógnita x.

**** 
Toma. ¿Qué es? Ábrelo, lo necesitas. A ver – Elizabeth abre el sobre y encuentra los veinte soles que por descuidada había perdido, pero el sobre contenía caracteres -, son tuyos, yo los perdí, los tomo ahora; pero luego te devuelvo Cholito. No, al menos que hagas algo más extraño para devolverlo; mi intención era llevarlo a tu casa, pero si me dices que Flor se pondría más nerviosa, mejor no la molesto.

Elizabeth se va al baño y bota el sobre en el tacho, piensa que debe contener una declaración y que mejor debe dejarlo.

**** 
Antonio escribe una hoja con los siguientes números:


45
15
4
6
13
18
4
5
16
13
48
15
546
315
12
45
78
65
87
98
45
131
05
646
034
X
6546
1324
3246
0324
3631
654
3416
646
316
316
3.2
X
646
65
546
654
878
979
7987
979
79
15
13
64
316
1354
9687
3549
98
6354
9813
315
968
32
65
98
98
89
89
15
54
64
97
31
23
65
496
15
158
456
88
54
95
75


En ella ha escrito quién es Elena.